Armas

Columnas - 09.07.2018

Las primeras armas que usó el hombre fueron piedras y garrotes. De eso hace 10 mil años. En la época de las cavernas. La pólvora, base principal de los morteros artesanales, la inventaron los chinos hará unos mil años y los cocteles molotov comenzaron a usarse hace unos cien años. Son armas rudimentarias, primitivas.

El 18 de abril pasado, un grupo de nicaragüenses protestaba pacíficamente con pancartas y consignas, cuando fueron vapuleados por policías y turbas progubernamentales. Al día siguiente había más ciudadanos protestando, y la represión incluyó balas de goma, balines y balas vivas de armas de fuego. Cayeron los primeros muertos.

A medida que la rebelión se iba esparciendo por barrios, comunidades y ciudades de Nicaragua, y el Gobierno se iba quedando solo, la represión pasó a ser más violenta y cruel. La respuesta del Gobierno fue atacar a los ciudadanos que realizaban protestas pacíficas como si estuviese en guerra civil. Fusiles ametralladoras y fusiles de alta precisión para francotiradores fueron utilizados contra una población que cuando se tuvo que defender los hizo solo con piedras y morteros caseros, principalmente. El resultado ha sido una masacre. Casi 300 personas han muerto en estos últimos meses.

Los que se ha visto en Nicaragua es a unos pocos con armamento moderno de guerra atacando a muchos que se defienden con armas primitivas. En esta edición hacemos un repaso de las principales armas que se han visto en esta rebelión, desde la piedra prehistórica hasta el poderoso fusil de precisión Dragunov.

La intención de esta galería no es inocente. Busca dejar en evidencia la desproporcionada respuesta con que el gobierno de Daniel Ortega reaccionó a una protesta que desde sus inicios fue cívica y pacífica y que si ha habido violencia es porque los ciudadanos han hecho uso de su derecho a la legítima defensa, aunque sea con armas rudimentarias, cuando llegan hasta donde ellos están para atacarlos con armas de guerra.

Esta ha sido una lucha de unos pocos cobardes armados contra muchos valientes desarmados. El resultado no podía ser otro: masacre.

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