Borrados

Columnas, Del editor - 19.10.2009

Uno de los momentos más impresionantes de la película Los Diez Mandamientos, de Cecil B. DeMille, es cuando Moisés es expulsado de Egipto por el Faraón y se declara en edicto real: “Ordeno que sea borrado el nombre de Moisés de toda estatua, monumento, pilar… que nunca nadie más vuelva a pronunciar ese nombre…”

¿Cuántos saben quién fue Julio Alonso Leclaire? ¿Conocen su historia? Catorce años combatiendo a los Somoza, algunos poblados tomados con su escálida guerrilla, un año escondido en un horno, huyendo de la persecución de sus enemigos, y finalmente muerto y decapitado. El mismo Carlos Fonseca, fundador del Frente Sandinista, reconoció que su lucha estaba inspirada en los valientes, como
Julio Alonso Leclaire, que le precedieron.

Pero por esas extrañas razones, la historia apenas se ocupa de ellos. Como si otra vez un faraón hubiese dictado “que nunca nadie más vuelva a pronunciar su nombre”, En la época de Somoza se entiende. Pero ¿por qué luego, con el derrocamiento de la dictadura el 19 de julio, tampoco se recordó su gesta, a diferencia de otros que hicieron mucho menos, pero fueron elevados como héroes y mártires a los altares de la Patria?

Por la misma razón por la que ahora, el asalto al Palacio, según la propaganda oficial, sólo fue realizado por Edén Pastora y no hay lugar para las Dora María Téllez, ni los Hugo Torres. Porque en el panteón
del Poder no caben los héroes incómodos. “Ordeno que sea borrado el nombre de Moisés de toda estatua, monumento, pilar…” La paradoja es que la Vida de Moisés, tres mil años más tarde, es mucho
más conocida que la del faraón que mandó a borrar su nombre.