Cartas de amor

Columnas, Del editor - 09.09.2012

En septiembre de 2008, en Magazine publicamos la historia de amor del general Benjamín Zeledón y Esther Ramírez. Una corta pero intensa historia de amor entre un hombre que pasaría a la historia por inmolarse defendiendo sus principios. Y entre los cañonazos, el asedio y los combates, hubo espacio para el amor: “Para ti y mis angelitos todo el amor de que es capaz quien por amor a la Patria está dispuesto a sacrificarse y a sacrificarte a ti y a nuestros hijos”, le diría el general Zeledón a su esposa, el 3 de octubre, un día antes de caer muerto.

No sería el único héroe que a la par que iba definiendo la historia de Nicaragua, mantenía un tórrido romance. “El amor a mi patria lo he puesto sobre todos los amores y tú debes convencerte que para ser feliz conmigo, es menester que el sol de la libertad brille en nuestras frentes”, le explicaba Augusto C. Sandino a su esposa Blanca Aráuz en una carta. También el amor floreció por telegramas, dado que Aráuz era precisamente telegrafista de San Rafael del Norte.

Esta vez, rescatamos la historia de amor entre Carlos Fonseca, el líder fundador del Frente Sandinista y María Haydée Terán. Igual que las historias de amor de Sandino y Zeledón, esta fue corta, intensa y, finalmente, coronada con la muerte. El sacrificio.

Fonseca no solo era el revolucionario de verbo encendido, terco luchador, sino también un hombre apasionado, que en sus propias circunstancias cultivó el amor de una mujer para la que, como el ser humano que era, tenía palabras de cariño: “Amorcita linda”, le gustaba decirle.

El amor, y ese es el punto al que queremos llegar, humaniza a esos personajes de los libros de historia.

Guatusa