Doña Francisca Ramírez

Columnas - 11.08.2017

Doña Francisca es una mujer pequeña, rechoncha, de rasgos indígenas y ojillos vivaces. Habla sin titubeos, dice lo que piensa y sabe lo que quiere. Cuando los campesinos, condenados por el canal que presuntamente pasará por donde ellos viven, necesitaron un líder, ahí salió ella.

Hasta hace un par de años, doña Francisca era una mujer que solo vivía del trabajo duro en el campo, en La Fonseca, Nueva Guinea. Siembra quiquisque, yuca, maíz y frijoles; compra y vende de todo en esos caminos de Dios y solo piensa dejarle a sus hijos lo que sus padres no pudieron dejarle a ella, y proteger ese estilo de vida que le gusta tanto, aunque implique caminar por fangales y reventarse el lomo en jornadas que comienzan a las tres de la mañana y terminan, a veces, hasta la medianoche.

Pero cuando supo que por su paraíso iba a pasar un canal, que debían vender sus tierras al precio que otros establecieran, eso no le gustó. La enfureció. A ella y a otros miles de campesinos que vieron en ella la líder para agruparse y no dejarse quitar sus tierras y destruir el mundo que conocen. Ahí doña Francisca sacó su casta.
No es esta la primera vez que pasa algo igual.

Chico Mendes fue un recolector de caucho, analfabeto hasta los 24 años, sindicalista y ambientalista brasileño que luchó contra las mafias madereras que destruían la Amazonia. Fue asesinado el 22 de diciembre de 1988 por los hacendados que no lo soportaron.

Más cerca, Berta Cáceres, fue una líder indígena lenca, activista del medioambiente hondureño, que se opuso al establecimiento en su territorio del proyecto hidroeléctrico de Agua Zarca. A la medianoche, entre el 2 y 3 de marzo de 2016, unos matones la asesinaron en su propia vivienda.

Algunos dicen que si vamos a sentir el mismo respeto que ahora sentimos por doña Francisca si ella apareciese, como han aparecido otros líderes, del brazo del líder del partido gobernante. El asunto es que doña Francisca no se ha ganado el reconocimiento por ser opositora al Gobierno, sino por defender los derechos de los campesinos. Su grandeza viene de sus principios no del bando político con que pueda simpatizar.

Y vemos en las historias que les conté que a líderes de este tipo no es fácil comprarlos. Si así fuese no habrían tenido los matones la necesidad de asesinar a Chico Mendes o Berta Cáceres, luchadores con el mismo temple de doña Francisca.

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