Historia

Columnas, Del editor - 11.01.2009

En Magazine insistimos mucho en echar una mirada a nuestro pasado. Desde sus inicios, hace cinco años —el próximo número es nuestra edición de aniversario—, el “reportaje histórico” encontró en nuestras páginas un lugar privilegiado.

Se trata de revivir historias. Buscar archivos. Entrevistar a los protagonistas si aún viven. Documentar con fotografías. Y, sobre todo, presentar información inédita, esos datos o explicaciones que sólo logran
salir a luz pública cuando un evento ya ha dormido varios años y desaparecieron las condiciones que los obligaban a estar en la oscuridad.

Lo sorprendente de estos reportajes es que casi siempre poseen una tremenda actualidad. Muchas veces al leer los trabajos nos percatamos que hace 100 ó 50 años estábamos cometiendo los mismos errores
que cometemos ahora. No aprendemos las lecciones o las olvidamos muy pronto.

En esta edición por ejemplo, revivimos la masacre del 22 de enero de 1967. ¿Cómo se llegó a eso? Venían las elecciones, el caudillo se quería reelegir, se negó la observación electoral, se coparon los cargos electorales con personal a fin al Gobierno… ¿No les parece de grotesca actualidad? El descontento creció, el Gobierno decidió aplacarlo a balazos (¡vamos, al menos ahora lo aplacan a garrotazos¡) y al final, elecciones, donde ganó el que perdió y perdió el que ganó.

El problema es que el asunto no se terminó cuando mataron a los marchistas (nunca se supo con exactitud cuántos murieron) ni con la declaración de electos después de las elecciones, ni siquiera con
el vergonzoso pacto que vino luego y que fue bautizado como “kupia kumi”. El descontento creció, hubo una guerra y, como sabemos, cayó el Gobierno.

Guatusa