Ganar y perder

Columnas, Del editor - 24.08.2008

Jaíro “Rocky” Páramo peleó 30 veces como boxeador profesional y sólo ganó en una ocasión. Y todavía se discute si ésa, su única victoria, es legítima. Su rival no salió a pelear en el segundo round debido a un cabezazo que sufrió en el primer round.

Páramo es de esos púgiles que en boxeo les llaman “paquete”. Sirven para que los boxeadores entrenen y acumulen peleas ganadas. De hecho peleó y perdió con casi todos los campeones que ha habido en Nicaragua. Él mismo cuenta cómo un señor de República Dominicana le pidió a su apoderado que le mandara “un perdedor” para su campeón. “Entonces me buscan a mí”, dice. Ese es su oficio.

Pero no se vaya a creer que Páramo era un inútil en el ring. Tenía su arte para perder. El hombre se fajaba y con frecuencia vendía cara su derrota. Y dicen que dio peleas tan buenas, que a veces hasta parecía que ganaba. “A mí me robaron. Soy víctima de una mafia”, dice él.

Y uno podría pensar que después de tantas derrotas, Páramo no querría saber nada de boxeo. Al contrario, el hombre vive del boxeo. Entrena niños y adultos a domicilio y prospectos en los gimnasios. Ya no pelea más porque la Comisión de Boxeo se lo prohibió por los muchos golpes que recibió sobre el ring.

Lo extraño es que al leer el reportaje que sobre él presentamos en esta edición, uno se percata que Páramo no se siente un perdedor. Reboza optimismo. Presume de haber aguantado dos rounds con tal boxeador o de cómo ha enseñado a su hijo a tirar el jab. Y pide una oportunidad más a la vida: “Bien puedo hacer dos peleítas más y me retiro”, dice.