Granada

Columnas, Del editor - 10.03.2013

Esta vez en Magazine le estamos invitando a viajar en el tiempo, a los años 30, y a un lugar específico: Granada.

Piénsese como un extranjero, tal vez un ingeniero norteamericano o alemán de los muchos que venían por acá a trabajar, y llega por primera vez a Granada, siguiendo los consejos que un boletín turístico le ofreció.

Son los años 30, recién acaba de terminar la guerra de Sandino, y Somoza comienza apenas a convertirse en un personaje en el país. El café se ha instalado como uno de los principales productos de exportación y se comienza a hablar del futuro del algodón. El principal medio de transporte es el tren.

Y entonces, ahí está usted, en esa ciudad señorial, orgullosa, de calles de tierra en que apenas de vez en cuando aparece un automóvil entre las carretas y coches que cruzan por sus calles. Son apenas atisbos de la modernidad de una ciudad que vive de sus viejos tiempos.

La estación del tren, el Colegio Centro América, sus majestuosas iglesias y hasta el cementerio le recomendarán que visite. Y tal vez con más ingenuidad que otra cosa le dirán que visite la planta eléctrica y la fábrica de hielo, que son las novedades de la ciudad.

Esa era la Granada de 1930 que Magazine lo lleva a visitar, esta vez de la mano de las recomendaciones turísticas de aquella época. Es un ir y venir en el tiempo. Lo que era y lo que es ahora la principal ciudad turística de Nicaragua.

También incluimos en esta edición el perfil de un personaje extraño y distante, que para bien o para mal apareció en Nicaragua con un maletín de millonarias promesas y una dudosa reputación a cuestas: Mahmoud Ahmadinejad, presidente de Irán. ¿Qué gana y qué pierde Nicaragua con estas amistades? Conozcamos al personaje y contestémonos cada quien esa pregunta.