Hablar de sexo

Columnas - 09.07.2017

Fue como para el cuarto grado de primaria cuando recuerdo que llegó la profesora Idalia, de Ciencias Naturales, con una cartulina donde ella misma había dibujado, o intentado dibujar, el aparato reproductor femenino. Yo tenía unos nueve años y eran los años 70. Esa fue la primera vez, y creo que la única, en que algún profesor de mi escuela habló de un tema relacionado con el sexo.

Después de eso, toda la educación sexual que tuve en mi infancia fue la que llegó de la pacotilla de amigos. Todavía recuerdo a Juancho con aquellas minuciosas descripciones de la vulva femenina que escuchábamos sentados sobre la grama en la plaza, o Chico contando las aventuras sexuales que jamás tuvo pero que nosotros le creíamos pues era la única forma de entrar a ese mundo vedado, del que nunca se hablaba en casa, ni en la escuela ni en la iglesia. Todos inventábamos historias que nunca vivimos y al final todos teníamos que creernos pues ni siquiera teníamos forma de desmentir nada porque en el fondo, socráticamente, sabíamos que no sabíamos nada.

Por increíble que parezca, las primeras imágenes de mujeres desnudas que yo recuerdo haber conocido las vi en la Biblia de la casa, donde se exponían cuadros religiosos de famosos pintores del Renacimiento. Luego, por supuesto, vendrían en la adolescencia los naipes de mujeres desnudas y las revistas porno que circulaban de mano en mano.

Si para los años 70, a nosotros, que éramos niños, se nos hacía difícil tener orientación sexual responsable, imagínese ahora lo que significaría el sexo para una niña en los años 50 o 60. Como el caso de Francisca que sin saber por qué vio salir sangre de su vagina y se desmayó del puro miedo en el baño de la escuela. Nunca nadie le advirtió nada.

En esta edición buscamos a abuelas que nos cuenten los mil y un apuros que debieron pasar por la ausencia de educación formal en esta materia que, inclusive hoy, se lo seguimos dejando en gran parte a las mentiras de los amigos, la televisión y la internet.
Porque, por extraño que suene, todavía hay personas que creen que lo mejor es no hablar de esos temas. Dejar que se aprendan solos. Como si fuese pecado.

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