Ingenio y picardía

Columnas, Del editor - 15.04.2010

Esta edición está dedicada al ingenio del nicaragüense.

Cada pueblo de nuestro país tiene desde siempre entre sus personajes al bromista y “fregador”, y al “loco” que vive buscando qué inventar.

Hablamos entonces sobre el humor. Esa chispa que aparece como ingrediente de casi todo lo nica. Somos burlescos, sarcásticos y chileros. Pero también hablamos en esta edición de los inventos y sus creadores. Ilusiones y desencantos.

Dice el periodista argentino Andres Oppenheimer que la salud económica e intelectual de un país se puede medir por los inventos que patenta en los grandes mercados.

Si fuese así, estaríamos muy mal, porque Nicaragua no figura entre las patentes registradas en “grandes mercados” y en nuestro propio país solo dos inventos han sido oficialmente registrados en los últimos ¡diez años!

La verdad, no es sorpresa. Puede que sea mayor sorpresa para muchos de nosotros saber que existe una oficina estatal de registro de patentes, y que haya algunos nicaragüenses que deciden emprender el tortuoso proceso de registro para, algún día, si fuese el caso, estar en la lista de esos grandes inventos que alivian la vida de la humanidad.

Sucede sí que en Nicaragua hay muy poco estímulo a la inventiva. Salvo una que otra feria científica promovida en los colegios, no hay espacios donde se cultive el ingenio. La empresa privada y el Estado no parecen interesados en fomentar y estimular inventos nacionales.

Por eso, es que considero que el triste dato de dos inventos patentados en los últimos diez años no refleja el vigor del ingenio nicaragüense, porque todos en algún momento hemos conocido a esos locos de los que solo decimos “si l alguien le ayudara quién sabe hasta dónde llegaría”.