Julio Rocha

Columnas, Del editor - 12.03.2017

El caso Julio Rocha es interesante, pues, a mi criterio, retrata el típico comportamiento caudillesco con que se manejan muchas áreas de la vida social en Nicaragua. Es el de la persona que llega a un puesto de dirección, se reelige y se reelige hasta que ya parece que nadie más que él puede ejercer ese cargo, se hace rodear de leales que se benefician de sus favores, integra a familiares, con lo cual obtiene el doble beneficio de proveerles ingresos a ellos y conseguir lealtades para él.

Todo esto parece malo pero mucha gente no lo ve así, incluso defiende como bueno este sistema, porque una de las estrategias de los caudillos es personalizar todo lo que hace la organización que dirige. Así que ya no es el Gobierno, la Alcaldía o, como en este caso, la Fenifut, sino el caudillo quien construye obras, dona recursos o financia eventos. “Era buena persona”, dicen algunos.

A pesar de múltiples señalamientos de corrupción, Julio Rocha nunca fue juzgado en Nicaragua. Y ahí está el otro parangón con otra área de nuestra vida: los tribunales no sirven para dilucidar quién es inocente y quién es culpable, sino más bien para establecer quién tiene protección del Estado y quién no. Porque que acusen a alguien no significa que sea culpable. Así que en este, como en muchos casos, nunca sabremos con certeza si era culpable o no de los cargos que le imputaban en nuestro país, porque no hubo nadie que lo investigara, primero, y que lo juzgara después, si se encontraban méritos para ello.

Entonces sucedió lo impensable, un tribunal de Justicia de otro país ordenó su detención mientras estaba en el extranjero para llevarlo a juicio en un escándalo internacional que sacudió a la FIFA, la organización que dirige el futbol en el mundo. Rocha ya ha aceptado algunos cargos y rechazado otros. Aceptó haber recibido sobornos para dar ventajas a ciertos países o personas con su voto en la organización internacional.

¿Le hizo daño la gestión de Rocha al futbol nacional? ¿Puede la corrupción convivir con la buena gestión? Esas preguntas no pueden ser contestadas con certeza. Sin embargo, valga esta historia para reconocer en ella ese comportamiento que se repite en tantas áreas y que le hace tanto daño al país.