La Contrarrevolución

Columnas - 06.04.2018

La contrarrevolución no nació como una reacción de la Guardia Nacional, derrotada en la insurrección contra Somoza, que pretendía volver al poder. Eso se dijo, pero no fue así exactamente. Que hubo guardias en sus filas, es cierto. Que fue financiada por el gobierno estadounidense para su conveniencia geopolítica, eso es una verdad demostrada. Pero también es cierto que la contrarrevolución estuvo integrada principalmente por campesinos inconformes con el modelo de gobierno que se instaló en los años 80 en Nicaragua.

Pedro Joaquín González, Dimas, considerado el fundador de la contrarrevolución, es un buen ejemplo de lo que sucedió.

Conocí a Dimas de vista. Yo era un adolescente cuando la Guardia huyó de mi pueblo, Quilalí, y un grupo de guerrilleros llegó a instalarse. Entre ellos Dimas, quien quedó de jefe local por un tiempo. No tenía pinta de guerrillero. O al menos, no la pinta que yo imaginaba que tenían los guerrilleros. Dimas era un hombre más bien bajito, barbudo y afable. De él se decía que era un veterano de las guerrillas, y que había sido lugarteniente de Germán Pomares. O sea, nadie podía acusarlo de guardia o somocista.

Pronto se supo que había contradicciones entre esos primeros guerrilleros. Llegó un nuevo jefe al pueblo, y recuerdo una ocasión en que las diferencias fueron tantas, que Dimas retó a batirse a balazos en el parque local al nuevo jefe militar. No pasó a más, pero al poco tiempo Dimas regresó a la montaña. A seguir peleando, ahora contra sus antiguos compañeros de armas.

Dimas se tomó Quilalí durante unas horas, prácticamente sin disparar, y poco tiempo después fue asesinado a traición en unos galerones de la comunidad de San Bartolo.

Quilalí se convirtió años después en la capital de la contrarrevolución. Un comando regional, una de sus unidades más grandes, fue bautizado como “Quilalí” porque la integraron principalmente personas salidas de este pueblito que hasta 1979 era pacífico y poco interesado en las cosas políticas. Muchos eran campesinos o pequeños finqueros.

Sirva pues este relato sobre el primer contra que ahora hacemos en Magazine, para reflexionar sobre esa guerra de la que se sabe tan poco y cuyas consecuencias todavía seguimos pagando.

Sección
Columnas