Maestro

Columnas, Del editor - 03.10.2010

Maestro, profesor, docente, catedrático… Sensei o gurú, en lenguas exótica. El magisterio, se ha dicho un millón de veces, es una de las actitudes más nobles del ser humano. La humanidad es lo que es, por los maestros. Desde el hombre de las cavernas enseñándole a su peludo hijo a encender el fuego, hasta el rostro que aparece en las pantallas de la computadora dictando una lección a alumnos disgregados por el mundo, a miles de kilómetros de distancia.

Y entre todas las denominaciones que puedan atribuírseles a estos seres especiales, la que siempre me gustó más es Maestro. Porque profesor es el que enseña algún arte o ciencia en un aula de clases, catedrático el que dicta cátedras, pero maestro es quien enseña vida.

Particularmente, éste es un tema que me toca muy de cerca. Vengo de una familia de maestros. Mis padres, varías tías, varias hermanas, han dedicado su vida al magisterio. Sé, por lo tanto, todo el sacrificio que implica esta opción de vida. También de sus recompensas, que nunca son materiales.

Y hay maestros de maestros. Ése es Guillermo Rothschuh Tablada, a quien en esta ocasión magazine dedica su portada y reportaje principal. “Cuando salí de la Normal yo quería ser otro tipo de maestro. No estar expulsando, dando premio o castigo. No ser ese ponedor de nota. Yo tenía otra mentalidad, quería darle otra dimensión al maestro. Y por supuesto quería vincular la pedagogía con la política”, dice Rothschuh en este reportaje.

Encontramos a este maestro, en Juigalpa, su tierra natal, leyendo y escribiendo, inagotable en sus lecciones de vida, igual que lo encontramos en 1953, con 26 años, dirigiendo el colegio Ramírez Goyena, y dejando su impronta en una generación que fue decisiva en la historia de Nicaragua.

“Los discípulos son la biografía del maestro”, dice el argentino Domingo Faustino Sarmiento, y ahí están varias generaciones contando la vida de Guillermo Rothschuh Tablada. ¡Salud, Maestro!