Novela y revolución

Columnas, Del editor - 13.07.2008

¿Qué rasgos novelables le ve a Daniel Ortega?”, le pregunta el periodista a Sergio Ramírez. Terreno movedizo. El escritor evade. Probablemente el personaje sirva para una novela como en su momento sirvió el dictador Anastasio Somoza García, pero Ortega representa una particular complicación para Ramírez.

Daniel Ortega fue compañero de lucha de Ramírez. Juntos integraron el llamado Grupo de Los Doce, antes del triunfo revolucionario, luego fueron miembros de la Junta que gobernó al país y después sirvió como Vicepresidente cuando Ortega fue Presidente por primera vez. Ramírez también acompañaba a Ortega en aquella fórmula que fue derrotada por doña Violeta Barrios en 1990. Mucha vida juntos.

Sobre la revolución se ha escrito tanto. Creo que ninguna época de nuestra historia recibió mayor atención, nacional e internacional, que esos diez años. Nicaragua congregó a los más reconocidos escritores de la época. Sin embargo, como deja entrever Ramírez, la literatura de la revolución está todavía por hacerse.

Y el banco de historias es inmenso.

¿Podría el escritor coger distancia del político que fue para novelar la revolución? Ramírez cree que no. Porque la literatura, dice, “tiene que ser crítica”. Se necesita entrar con ojos de testigo. Los lectores somos implacables con esas obras escritas con el interesado propósito de atacar o hacer loas sobre un tema o una persona. Ramírez es demasiado escritor para caer en esa tentación. Prefiere dejar la responsabilidad a otros, que juzguen, incluso, su propio protagonismo. ¿Viven ya los que escribirán esta literatura?

Guatusa