Sandino

Columnas, Del editor - 11.08.2017

Sandino tuvo suficiente vida para entrar por la puerta grande de la historia. Enfrentó a un ejército de ocupación, guerreó casi con las uñas y al final murió por lo que creía. Lo mataron a traición. ¿Qué habría pasado si Sandino no muere ese 21 de febrero de 1934, hace 76 años? ¿Viviríamos en una Nicaragua distinta? La respuesta queda en el campo de la especulación y la historia no se encarga de eso.

Pero si la Vida de Sandino fue intensa, y su muerte un acontecimiento decisivo en la historia nacional, la tumba del guerrillero sigue siendo hasta el día de hoy una incógnita, que alimenta aún más el aura de leyenda que carga su figura.

Sobre el lugar donde descansan sus restos hay decenas de hipótesis. Desde que su cuerpo fue lanzado al lago, hasta un entierro clandestino donde se asesina a los sepultureros para que nunca se sepa de la tumba, pasando porque su cabeza estaría en Estados Unidos luego de ser decapitado tras su asesinato. Algunas teorías descabelladas y otras verosímiles.

La tumba de Sandino es tan importante que el Gobierno de los años 80 emprendió toda una campaña para dar con ella. Se contrataron expertos, se trajo a personajes de la Guardia que participaron en el asesinato y el entierro. Nada. Sabemos que en estos momentos se desarrolla un nuevo esfuerzo para dar con los huesos del General de Hombres Libres.

Y esa búsqueda debería ser un esfuerzo nacional. Porque lo peor que le ha pasado a la figura de Sandino es terminar secuestrada por un partido que, hoy por hoy, representa mucho de aquello contra lo que el general luchaba en Las Segovias.