Traumas

Columnas, Del editor - 14.12.2008

Es dificil explicarse cómo alguien que fue violado cuando niño termina conviniéndose a veces en un violador cuando adulto. O cómo un hijo termina repitiendo el mismo mal comportamiento del padre, a pesar de toda la repulsión y sufrimiento que le causó en su infancia.

La historia recoge muchos casos de personas que lucharon inspiradas en los más altos principios de libertad. Sufrieron cárceles, torturas y expusieron sus vidas para cambiar “el sistema”. Derrocaron al tirano y llegaron a los palacios y cuarteles envueltos en una aureola de héroes, para poco después convertirse en algo igual o peor a lo que combatieron. Rebelión en la granja, de George Orwell, es una clásica sátira sobre este asunto.

¿Por qué muchas veces somos lo que negamos? El sentido común nos diría que tenemos que aprender de los errores, sean nuestros, de nuestros padres o de los gobiernos anteriores. Sin embargo, lejos de aprender volvemos una y otra vez a ellos, caminando en círculos. ¿Por qué?

Un grupo de sicólogos tiene su explicación. Le llaman “teoría de las Constelaciones Familiares”, algo que parece complicado pero que se podría resumir en que estamos condenados a vivir presos de nuestros traumas si no los encaramos para resolverlos. Y la cosa es grave. Según estos expertos, los grandes traumas alcanzan con su secuela hasta la cuarta generación de los protagonistas. O sea, que algunos de mis comportamientos podrían explicarse por traumas que tal vez vivió mi bisabuelo.

En Nicaragua los traumas abundan. Terremotos, huracanes, guerras y más. Cada generación carga los propios y los anteriores, según esta teoría. Pero no estamos condenados a cargarlos por siempre. Un grupo de nicaragüenses se reúne para derrotar a sus demonios, tal como lo relatamos en un reportaje de esta edición.