Aminta

Columnas, Del editor - 09.08.2015

Aminta Granera bien podría ser hoy una más de las candorosas monjas de La Asunción, formando, ora con mano fuerte, ora con dulce sonrisa, ese ejército de niñas que buscan educación en sus colegios. Sor Aminta… Pero no, en vez del rosario, carga pistola al cinto, y en lugar de hábito, uniforme y chaleco antibalas.

El 17 de julio, a pocos meses de dejar la presidencia, Enrique Bolaños, convocó a una conferencia de prensa para anunciar al nuevo jefe de la Policía. Se manejaban tres candidatos: Ana Julia Guido, Horacio Rocha y Aminta Granera. Hasta el momento de la conferencia, que comenzó con hora y media de retraso, no se sabía de algún candidato favorito. “Ustedes decían que querían a una de las dos muchachas, entonces, a la comisionada Aminta Granera es a la que hemos escogido para que siga al mando de la Policía”, dijo por fin Bolaños.

Granera era tal vez la menos partidaria de las propuestas. Proveniente de una familia acomodada, no se le tenía por una militante radical y, por el contrario, cultivaba su propio perfil de mujer buena, equilibrada y justa. En un momento se le llegó a considerar una buena candidata a la presidencia, por cualquier partido.

Esta historia comenzó, sin embargo, muchos años atrás. Cuando Aminta Granera era una jovencita salida del Colegio La Asunción, de León, estudiante de Teología, que dejó a su novio para meterse al convento. Y luego dejó el convento para meterse al Frente Sandinista, y de ahí al Ministerio del Interior que dirigía el comandante Tomás Borge y desde ahí a la Policía, de la que actualmente es su jefa. Una polémica jefa.

El asunto es que poco después que Granera asumiera el mando, Daniel Ortega sustituyó a Bolaños. Ortega llegó a la presidencia con el claro propósito de someter todas las instituciones a su personal control. La Policía entre ellas. Y así fue como Aminta terminó siendo quien devolviera los pasos de la institución que, con más dificultades que entusiasmo, caminaba hacia su profesionalización.