Amor y poder

Columnas, Del editor - 29.04.2012

Hay una anécdota contada como fidedigna y que tiene nombres y apellidos que no viene al caso traerlos ahora. Basta la historia.

Sucede que uno de los “nueve” comandantes pidió a sus escoltas que le fuesen a buscar a “X” señorita y se la llevaran a tal habitación. Salieron pues los escoltas presurosos como siempre a cumplir la orden. Sin embargo, la señorita “X” tenía el mismo nombre de una de las hermanas de la esposa del comandante y los escoltas pensaron que se trataba de la cuñada, algo que tampoco escandalizaba en aquellos círculos y aquella época.

—Dice el comandante tal que quiere verla —la conminaron.

—¿Y para qué? ¿Ahorita? —preguntó extrañada la cuñada.

—Sí, por favor, nosotros solo tenemos la misión de llevarla.

Y aquella, más asustada que otra cosa, se dejó llevar y su sorpresa fue mayor cuando la llevaron a una habitación donde encontró en calzoncillos a su cuñado comandante, que también, hay que decirlo, se llevó el susto de su vida al ver entrar a la señorita “X” equivocada.

Traigo esta anécdota para presentar el trabajo de esta edición, que tiene que ver con el poder y la seducción en los años 80.

Tampoco vayamos a creer que hechos como el anterior solo sucedían en la época de los comandantes sandinistas. La relación entre sexo, amor, poder y seducción está en nuestra historia desde tiempos bíblicos, como cuando el rey David manda a traer a Betsabé, la esposa de uno de sus jefes militares, y sucede hasta el día de hoy en lugares como la propia Casa Blanca, cuando el presidente Clinton se involucra con la becaria Monica Lewinsky, en el famosos caso que ya todos conocemos.

Y si esta vez traemos este tema en Magazine no es por ganas de chismorrear o cosa parecida, sino porque en muchos casos, las relaciones sentimentales que se dan en cada contexto histórico terminan influyendo en los acontecimientos. Si no, pregúntenles a Daniel Ortega y Rosario Murillo…

Guatusa