Aventura Magazine

Columnas, Del editor - 25.01.2009

Magazine es una aventura que comenzó hace más de cinco años. Creo que fue por el año 2001, en alguna reunión de editores, que se habló de una edición especial para el domingo, elaborada por un equipo independiente del que trabaja en las ediciones diarias. “Fabián podría hacerse cargo”, soltó don Hugo Holmann, gerente general de La Prensa. La sola posibilidad de ese proyecto provocó en mí sentimientos encontrados: por un lado, temía que una publicación así me alejara del “corre y corre” de la noticia diaria, a la que ya me había vuelto adicto; y por el otro, se me hacía agua la boca ante la perspectiva de diseñar una revista en la que pudiéramos publicar los reportajes y entrevistas que a tantas personas nos gusta leer, pero que generalmente terminan ahogadas en la vorágine de la noticia diaria.

De ahi para acá siguieron un montón de pláticas de pasillo y un viaje de estudios a España, que me sirvió para estudiar las ediciones dominicales de los principales diarios de ese pais, madurar el proyecto y reclutar al primer miembro del equipo, Juan Ruiz, un periodista catalán trashumante, incisivo y talentoso, que estuvo dispuesto a venirse por una paga tan pobre como la que podíamos ofrecerle.

Desde el principio, el proyecto contó con el apoyo y el empuje de dos personas claves en La Prensa: Hugo Holmann, gerente general, que me dejó manos libres exigiendo, como le corresponde, sólo “sostenibilidad económica”, y Eduardo Enríquez, el jefe de Redacción, compañero de lucha para que esta plantita germinara.

Los siguientes reclutados fueron Eduardo Marenco, un periodista de extraordinaria capacidad, el fotógrafo Orlando Valenzuela, despistado como él solo, pero con una habilidad natural para retratar lugares y personajes, con su cámara y su escritura. En el diseño se reveló el talento de Lenin Membreño Gudiel, que nos presentó la versión con la que, hasta el día de hoy, se presenta Magazine.

Hubo varios amagos de salir, y siempre había algún motivo que nos detenía. Generalmente eran los anunciantes que, tal vez con razón, pensaban que éste iba a ser otro de los muchos intentos fallidos que ha habido en Nicaragua. Finalmente, en enero del 2004, salió Magazine. No todos estaban contentos con el perfil. En la primera reunión de evaluación, alguien esperaba que fuese más “tipo Reader’s Digest”, otra quería algo “como Vanidades” y alguien pensaba que debería ser dirigida a la economía como “Summa”. Para colmo, el único anunciante con contrato largo que teníamos, mandó a cancelar su contrato porque esperaba “una revista de análisis semanal como Times o Newsweek”.

Sin embargo, las buenas noticias comenzaron a llegar. Los lectores le dieron excelentes calificaciones a la nueva publicación y empezaron a aparecer nuevos anunciantes, tan enamorados de la revista como quienes la hacíamos en la sala de redacción.

El resto es historia conocida: con más de un millón 300 mil ejemplares tirados al mercado en estos cinco años, Magazine no sólo es la revista más leída, de mayor circulación y de mayor permanencia en el mercado, sino que es una referencia de la buena lectura, pero sobre todo, del buen periodismo que se hace en Nicaragua.

Cómo no recordar reportajes como la historia de los Somoza y su amargo recuerdo, así como las andanzas de “Charrasca”, la dramática vida de las mujeres con cáncer, los niños condenados a la oscuridad y el niño asesino encerrado en cárceles de máxima seguridad; los conflictos morales de monjas visitando bares de streepers, doncellas huyendo con payasos de circo por amor, comunidades indígenas enteras presas de histeria colectiva, Indiana Jones cabalgando hasta la asfixia de la bestia en medio de territorio desconocido, abuelas que se juegan la vida en peleas de gallos, boxeadores que pierden hasta con su propia sombra, incursiones en gargantas de cuevas profundas y caminatas nocturnas sobre faldas de volcanes humeantes.

Eso ha sido Magazine en estos cinco años. Una aventura que comenzó hace más de cinco años.