El poeta sacerdote

Columnas, Del editor - 08.08.2017

Ernesto Cardenal ha sido muchas cosas en su vida. Poeta, escritor, escultor, político, sacerdote, maestro… Él dice, en esta entrevista en magazine, que quiere ser recordado, sobre todo, como “poeta”.

Descendiente de un judío polaco que recaló en Nicaragua unas generaciones antes, Cardenal fue ordenado sacerdote tardíamente, cuando ya había vivido amores y desamores y había viajado a tantas partes del mundo. Tal vez por ello siempre fue un sacerdote muy peculiar, que fundó en Solentiname una comunidad cristiana que se destacó por el arte que floreció en ella y por su vinculación con la entonces guerrilla del Frente Sandinista.

Luego, como muchos, Cardenal cayó en la tentación y se hizo funcionario público. Fue ministro de Cultura desde el triunfo de la revolución hasta 1987, en medio de una sorda pugna que siempre sostuvo con la poetisa Rosario Murillo.

Luego se desencantó del mismo Frente Sandinista al que tanto sirvió y actualmente, a sus 85 años, se ha vuelto un personaje dificil de entender políticamente. Es amigo de Hugo Chávez pero adversa a Daniel Ortega, es perseguido político en Nicaragua pero apoya la revolución bolivariana.

Pero podemos estar de acuerdo o no con sus posiciones políticas, podemos incluso discrepar de su forma de interpretar el evangelio, pero nadie puede negarle a Cardenal la calidad de poeta que es. La prueba es que desde el 2005 está siendo propuesto al premio Nobel de Literatura, un reconocimiento a una vida intensa que resume todo lo que ha sido en una sola palabra: poeta. No es casualidad que así quiera ser recordado.