Pena de muerte

Columnas, Del editor - 01.06.2008

A principios del siglo XX casi todos los países contemplaban la pena de muerte entre los castigos que el Estado infligía a quienes atentaban en su contra o contra la sociedad. Dicen los expertos que los castigos tienen dos intenciones, uno, reprimir a quien está pecando (quia peccatum est) y dos, servir como escarmiento para que otros no pequen (en peccetur).

Nicaragua se unió tempranamente a la corriente abolicionista que hay en el mundo. Sin embargo, hay tres nicaragüenses, al menos, esperando su turno en el pabellón de la muerte. No aquí en Nicaragua, sino en Estados Unidos.

En esta edición de Magazine contamos sus historias. Independientemente de que sean culpables o no, que se lo merezcan o no, el Estado debería cuidar porque esos nicaragüenses tengan derecho a un juicio justo. Sólo imagine que fuese al revés: tres estadounidenses condenados a muerte aquí en Nicaragua. Para muestra un botón: Eric Volz…

Recientemente Guatemala restableció la pena de muerte, y actualmente unos 47 condenados esperan ser ejecutados mediante inyección letal en ese país. Guatemala es uno de los países más violentos de Centroamérica. Unas treinta personas mueren cada día violentamente. Muchos de los delincuentes, o presuntos delincuentes, son linchados por hordas furibundas que deciden aplicar la justicia por su propia mano, agobiados por el crimen y la incapacidad del Estado para controlarlo.

En Nicaragua, tres sujetos fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento en plaza pública el 19 de septiembre de 1930 y ojalá tengamos la sabiduría suficiente para, siglos más tarde, seguir recordando este suceso como la última vez que se aplicó la pena de muerte en Nicaragua.