Pena de muerte

Columnas, Del editor - 08.09.2013

DEL Aunque cada vez hay menos partidarios de la pena de muerte, aún quedan muchos países que contemplan en su legislación la posibilidad de quitarle la vida a los ciudadanos como castigo por un delito que el Estado considera “capital”.

En Nicaragua, la pena de muerte fue abolida oficialmente desde el 21 de agosto de 1979, cuando el Estatuto sobre Derechos y Garantías de los Nicaragüenses estableció que “el Derecho a la Vida es inviolable e inherente a la persona humana. En Nicaragua no hay pena de muerte”. Este principio se integró constitucionalmente en 1987.

Sin embargo, el debate sobre la pena capital siempre se reaviva, cuando en la opinión pública estalla uno de esos crímenes atroces que nos hacen preguntarnos, ¿cómo un humano puede hacer tanta maldad? ¿Merecen monstruos como ese seguir viviendo en este mundo?

En esta edición, Magazine hace un recorrido por la historia de la pena de muerte desde que Nicaragua es República. Como se verá, pocas veces el Estado la aplicó para castigar esos crímenes que nos revuelven el estómago, y muchas para deshacerse de enemigos políticos.

La más contundente debilidad de un castigo de este tipo es su irreversibilidad. Imagínese nomás que en lugar de la cadena perpetua a que fue condenado Nelson Mandela en junio de 1964, hubiese sido ejecutado por los delitos que se le acusaban. El mundo se habría perdido una de las más trascendentes personalidades de la actualidad. Y Mandela sí era culpable de los delitos que se le acusaron. Hay casos, de personas ejecutadas cuya inocencia se comprueba con el tiempo.

Luego, vendrán los dilemas éticos, morales y religiosos que implica el asesinato legal de personas. A mi criterio, hay mil razones para oponerse a la pena de muerte y ninguna que la justifique. ¿Usted qué piensa?