Tortura

Columnas, Del editor - 13.09.2013

Los yihadistas del Estado Islámico han degollado prisioneros, los han quemado vivos, los han ahogado en celdas o lanzados al vacío desde altos edificios. Todo es debidamente filmado y exhibido a través de Internet a todo el mundo. Cada vez se ensaya mayor saña. No se trata de matar a otro humano por las razones que sean, se trata de exhibir la mayor crueldad en ello. Y uno se pregunta, ¿de dónde nace tanta maldad?

Si en algún momento una especie llegara de otros mundos y le correspondiera analizar a los seres vivos que pueblan este planeta, concluiría inevitablemente que el animal más brutal y sádico es el humano. Ningún otro animal que vuele, camine o nade sobre la Tierra ha desarrollado tanta “eficiencia” en el arte de matar como el humano, ni ha usado el dolor ajeno para el disfrute propio como lo ha hecho el hombre.

La tortura y ejecución más famosa de la historia de la humanidad es la que sufrió Jesús. Los latigazos, la carga del grueso y pesado madero por las calles hasta el lugar de ejecución, la colocación de cuerpo en cruz, la exhibición y la agonía están perfectamente medidos no solo para castigar al condenado, sino también para disuadir con su sufrimiento a otros que pretendan tener comportamientos similares.

Paradoja. Y sería la Iglesia fundada por Jesús, quien siglos más tarde se encargaría de refinar los métodos de tortura a los niveles más alucinantes que la humanidad haya visto.

Sin embargo, la tortura no es una práctica del pasado. Hasta el día de hoy se sigue matando y torturando el cuerpo y la mente con saña y por diferentes motivos.

Y no solo torturan los bárbaros o fanáticos religiosos como los yihadistas, sino también instituciones estatales entrenadas y especializadas en alta escuela en estos métodos. La CIA, por ejemplo. Y en Nicaragua encontramos, ahí nomás, los brutales métodos de tortura del somocismo, o los del sandinismo en los años 80 y, desgraciadamente, uno que otro caso en las celdas policiales hasta el día de hoy, como si en tantos miles de años no hubiésemos podido dominar a esa bestia que tenemos dentro los humanos. La peor de las bestias que pueblan la Tierra.