La “bomba” que llegó a emergencias

Entrevista - 28.08.2005
Pedro Joaquín Chamorro

Stanley Atha, un médico ortopedista, recuerda los momentos que se vivieron al interior de la sala de emergencias el día que falleció Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Las heridas, la consternación y una llamada del dictador en la que pedía una investigación a fondo para eximirse de culpa

Francisco Jarquín Soto

“Ahí le traemos un tisteado”, fueron las únicas palabras que dijeron los dos camilleros de la Cruz Roja en la sala de emergencias del Hospital Oriental (como se llamaba entonces el Roberto Calderón), cuando dejaron el cadáver que habían recogido minutos antes en la calle El Trébol, al suroeste de la vieja Managua, aquel martes por la mañana.

La sorpresa que causó en Stanley Atha, el interno que había aterrizado 10 días antes en esa sala de emergencias, fue solo el inicio del caos que vino después cuando se percató de quién era el hombre que yacía sin vida en la camilla. Era el mismo que fuera su vecino en el barrio San Sebastián.

“¡Es Pedro Joaquín Chamorro!”, dijo en voz alta ante la escena. El director de La Prensa, el enemigo de Plasmaféresis y opositor a Somoza, estaba muerto sobre una camilla tirado con el pecho desnudo horadado por las balas que traspasaron las dos ventanillas de su carro SAAB, color café.

Casi 28 años después impresiona la foto que se publicó ese día en la edición vespertina de La Prensa, en la que se ve a Pedro Joaquín con el pecho desnudo pasconeado por las balas, con manchones de sangre que se ven negros en la imagen, y con una calzoneta blanca. A la par se ven las batas de los médicos que lo atendieron, uno de ellos el cardiólogo Roberto Levy y el otro era Atha, quien había vuelto de Puebla, México, para cumplir su internado de Medicina. “Lo reconocí de inmediato porque en mis años de adolescente fuimos vecinos. Llegábamos a la casa de él y doña Violeta Barrios para platicar con ellos y sus hijos. Siempre fueron muy serviciales con todos en el barrio”, recuerda Atha.

 

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