Al que madruga…

Fotorreportaje - 24.01.2017
Managua.Nicaragua.26/03/2015. Managua Noctambula, reportaje gráfico sobre los sitios más representativos de managua durante la madrugada. Oscar Navarrete/ LA PRENSA

Están los que venden, los que compran, los que comen, todos dándole vida a una ciudad que nunca duerme. Este es un vistazo de la Managua de los trasnochadores, los noctámbulos, los que viven todos los días pasada la medianoche

Por Tammy Zoad Mendoza. Fotos de Oscar Navarrete

Luego de la fiesta

Los “bacanaleros” —término que se relaciona al popular dios Baco, también conocido como el Dionisio amante del buen vino, la fiesta y el éxtasis—, llegan a media noche y tres horas más tarde, empiezan a desfilar por la salida: empapados de sudor, destaconadas y despeinados. La fiesta ha terminado, pero el trabajo apenas empieza.

Horas antes había unas 800 personas en este salón, brindando, charlando, bailando frenética o cadenciosamente. 800. Sin contar las que caben en el segundo piso, y los que salieron a la terraza. 23 años y aún se sienten jóvenes para seguir de parranda. Chamán Bar el templo de la fiesta.

Un pequeño ejército de jóvenes uniformados se encargan de recoger y limpiar todo vestigio de la noche anterior. Volver a poner todo en su lugar para que cada fiesta sea más alegre que la anterior, que los tragos estén en su punto, que todo esté impecable para esta noche.

El monstruo sonámbulo

El Mercado Oriental es una micro ciudad dentro de la ciudad. 120 manzanas, y contando. Lo que en el día es un hormiguero agitado de 60 mil personas que venden, compran, trabajan, roban o viven aquí, por la noche se convierte en un pueblo fantasma donde unas cuantas almas deambulan buscando dónde dormir. Pero en una de sus arterias, en su límite Oeste, nunca deja de circular la gente. Mientras el ala Este del mercado descansa, bajo el resguardo de unos cuantos somnolientos vigilantes privados, en la zona de El Novillo, Adán Ibarra Munguía, del grupo de seguridad voluntaria Los Dantos, trata de imponer la ley con su garrote y su par de esposas. En las tres calles aledañas a El Novillo desde la una de la mañana llegan viejas camionetas arrastrándose por el peso de la carga: piñas, sandías, sacos de papas, canastos de plátanos. Es la hora del descargue. Las mujeres de delantales rodean las camionetas, empiezan a escoger la mejor fruta, a hacer cuentas, a llamar a sus cargadores para que les trasladen su mercadería y la acomoden en las aceras que colonizaron para sus negocios. Dos horas más tarde ya hay compradores que buscan abastecer sus tramos y pulperías. Chilotes tiernos a peso, piñas a veinte córdobas la docena, plátanos a dos pesos. La venta vuela en la madrugada, a las cinco de la mañana ya los canastos están vacíos. Los chilotes, las papas y los plátanos ya están en otro punto del mercado, a un precio más alto, o en el plato de algún comedor que ofrece desayunos desde las cinco de la mañana.