Alexis Argüello: Aquel muchacho loco

Perfil, Reportaje - 12.02.2017
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Alexis Argüello abrazó la gloria y mordió el polvo.
Tuvo una vida de novela y las circunstancias de su muerte aún siguen despertando dudas. Así recuerdan al más grande atleta de la historia de Nicaragua

Por Amalia del Cid

A las 5:00 de la tarde de ese sábado, un sábado cualquiera, Donald Rodríguez se despertó sobresaltado. Estaba dormitando en su habitación cuando sintió que alguien se sentaba en su cama; entonces abrió los ojos y vio la figura de un hombre desaliñado, con las manos negras y la cara sucia. Tenía los pies lodosos enfundados en chinelas de hule y llevaba puesto un short que pedía a gritos ser lavado.

—¡Ideay, jodido! —exclamó Donald, pero no estaba sorprendido. No era la primera vez que veía a su amigo más querido en ese estado: “Hecho mierda”.
—No jodás, te he llamado un montón de veces y no me contestás —replicó Alexis Argüello.
—Sí, es verdad, ¿sabés por qué? Porque me tenés enfermo, me tenés harto, ya no hallo qué hacer con vos. Yo vivo nervioso por vos, yo me desvelo. Ya no aguanto, no jodás vos, yo tengo mis hijos también y vos me jodés más que mis hijos —protestó Donald, porque solo él podía hablarle así al tricampeón mundial de boxeo cuando andaba perdido en la cocaína.
—Mirá, Negró, ahora soy yo quien te lo pide —dijo Alexis, arrodillándose sobre la cama y alzando los brazos, como un aprendiz de yoga en pose de meditación—. ¡Que me vayás a meter donde querás, pero yo no aguanto más esta vida!

Alexis Argüello estaba tocando fondo. Había conocido la gloria y la fama y ahora mordía el polvo. Había estado en los mejores hoteles del mundo y se había codeado con las estrellas más brillantes del firmamento de Hollywood; pero ahora frecuentaba expendios de droga en los barrios más violentos de Managua, el amanecer lo sorprendía en las calles, no se bañaba, apenas comía y vivía lleno de deudas, empeñando sus cosas en bares y clubes.

“Se ponía echado a la calle. Lo hallábamos en los lugares de expendios, súper peligrosos. Gracias a Dios nunca le hicieron nada, la gente lo quería tanto… Cómo pasaron tantas cosas y a él nunca le pasó nada”, recuerda Donald, hoy de 67 años, en la misma oficina donde en tiempos idos almorzaba con Alexis.

Las paredes están cubiertas casi por completo con recuerdos de su mejor amigo. Acá Alexis en su último cumpleaños, en una foto tomada tres meses antes de su trágica muerte. Más allá Alexis joven, posando con uno de sus títulos mundiales, y a la izquierda un cuadro con una dedicatoria escrita por el boxeador: “Que el tiempo le diga al mundo de nuestra hermandad… Que Dios nos bendiga”.

Hace ya más de siete años partió de este mundo la mayor leyenda boxística que ha producido Nicaragua, con la nariz reventada y un tiro en el corazón; pero el recuerdo del ídolo sigue fresco en la memoria colectiva.

Alexis es el muchacho de barrio pobre que se convirtió en el primer campeón mundial de su país y es el hombre bromista que logró salir del pozo de las drogas, un tema que jamás evitó. Sin embargo, también es el político bonachón que fue llevado al puesto de alcalde de Managua en medio de un escándalo por fraude electoral, y a la fecha las circunstancias de su muerte continúan despertando dudas, pues la versión oficial dice “suicidio”, pero sus más cercanos —entre ellos sus hijos Dora y Alexis Junior— continúan afirmando “asesinato”.

Esta es la historia del hombre y el mito, sus orígenes y sus demonios.

Una rara foto del boxeador sin su clásico bigote. Acá tenía alrededor de 26 años.
Una rara foto del boxeador sin su clásico bigote. Acá tenía alrededor de 26 años.

 

***

Andrés Alexis Argüello Bohórquez nació el sábado 19 de abril de 1952, y fue el cuarto de los ocho hijos de Guillermo Argüello, “Cebollón”, y Zoila Bohórquez, ambos de Granada. Creció en Monseñor Lezcano, un barrio con reputación de bravo; pero por lo general se mantenía al margen de las riñas callejeras.

En esos tiempos don Guillermo todavía no había instalado su famosa cantina de “Cebollón”, era zapatero y el oficio apenabas le daba para entregarle a doña Zoila diez córdobas diarios, que debían alcanzar para pagar el desayuno, el almuerzo y la cena de ocho niños. Así que el pequeño y flaco Alexis tomaba su tiradora y se iba por ahí en busca de iguanas y garrobos para llevar a casa, o al menos eso le gustaba contar más tarde, cuando ya era todo un campeón de boxeo. La anécdota aparece en el libro Beloved Warrior, del escritor estadounidense Christian Giudice.

Como muchacho de familia pobre que era, buscó oficio a muy temprana edad. Primero fue aprendiz de zapatero, después anduvo pintando carros y cuando tenía 14 años fue a buscar mejor vida a Ontario, Canadá, donde residía un amigo. Estando allá limpió baños y trabajó de portero en un restaurante chino; volvió unos meses más tarde, con algunos cientos de dólares y un tatuaje con la banderita de Canadá y una frase en chino.

Es cierto que los hermanos Argüello Bohórquez crecieron en la pobreza, pero sus padres procuraron que no les hiciera falta lo necesario, aclara el cronista deportivo Edgar Tijerino en su libro “El ídolo no muere”, para que no vaya a pensarse que la historia de Alexis es el cliché del boxeador que triunfa “en un ambiente sórdido después de un rosario de calamidades”.

Tijerino lo conoció en septiembre de 1970, cuando se encontraba en casa de Eduardo “Ratón” Mojica, ídolo pugilístico de la época. A mitad de su plática con “el roedor”, llegó un muchacho alto, flaco, alegre y despeinado pilotando una destartalada bicicleta, con los zapatos cubiertos por una gruesa capa de polvo y la ropa desaliñada. “Chavalo vago”, se dijo el cronista. Pero el “Ratón”, como si le hubiera leído el pensamiento, le comentó: “Ojo con este. Va a provocar alboroto en nuestro boxeo, porque pega, aguanta y está aprendiendo a boxear, además, es mi cuñado y voy a trabajarlo”. Alexis Argüello tenía 18 años.

Antes de que el “roedor” irrumpiera en su vida, al “Flaco” no le había llamado la atención el boxeo como carrera, asegura Tijerino. “Pero cuando su hermana mayor, Marina, decide unir su destino al de Eduardo ‘Ratón’ Mojica, el prestigio de este, su gran popularidad y su resonante éxito, comienzan a influenciarlo”. Entonces cambió las paredes de la escuela por las 12 cuerdas del ring, y a partir de 1968 empezó a dar pequeños pasos dentro de la profesión que lo anotaría en la historia.

En los siguientes dos años no pasó de ser un “simple preliminarista”. Alexis subía al ring muy temprano, cuando nadie lo veía, pues los primeros espectadores empezaban a entrar a la arena y a esa hora buscaban los mejores lugares para presenciar las peleas más importantes, cuenta Tijerino.

Su oportunidad de oro llegó en septiembre de 1970, con su primera pelea internacional. El “Ratón” Mojica tenía el combate estelar, contra el panameño Adolfo Osses, en el Gimnasio Nacional de San José, Costa Rica. Alexis, por su parte, se enfrentaría al costarricense Marcelino Beckles y no se le consideraba un rival de peligro.

Sin embargo, qué ironía, esa noche el “roedor” perdió la pelea; pero el novato Alexis venció a Beckles por nocaut técnico en ocho rounds y empezó a captar la atención de la prensa deportiva, que lo seguiría por el resto de su vida.

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Alexis lloró. Se le ve en la foto con la cabeza gacha, los ojos cerrados y los labios fruncidos, como un niño que acaba de sufrir una caída. Esa noche se le escapó de las manos su primera oportunidad de coronarse como campeón mundial de boxeo, el primero en la historia de Nicaragua. Era el 16 de febrero de 1974 y en las calles de Panamá había tantos nicaragüenses que parecía que se caminaba por una avenida de Managua. Se perdieron muchos miles de dólares en apuestas, pues los nicas estaban seguros de que Alexis iba a ganarle a Ernesto “El Ñato” Marcel.

El sábado del combate nadie fue al cine ni a los restaurantes, los que no pudieron viajar a Panamá, querían quedarse en casa para presenciar un acontecimiento histórico, pegados a la radio o apiñados frente a la pantalla del televisor. Al finalizar la pelea, Managua parecía “un gran cementerio”, relató el Diario La Prensa al siguiente día. La pólvora quedó guardada, las caras no podían ser más largas y todos estaban sobrios.

Mientras los nicaragüenses empezaban a sufrir la derrota, a cientos de kilómetros de distancia Alexis Argüello exclamaba con la voz entrecortada un “¡Viva Nicaragua!” Lo único que pudo decir antes de bajar del ring y marcharse. Ya en privado, todavía lloró un rato más, recuerda su amigo Donald Rodríguez, quien estima que acompañó al púgil en al menos el noventa por ciento de sus peleas. Pero más tarde Alexis quiso cumplir el rito que realizaba a escondidas después de cada combate: fumarse un cigarrillo compartido con Donald. Como ninguno lo había llevado y no pudieron encontrar uno en el hotel, el boxeador sugirió: “Vamos al elevador”.

Allí buscaron entre las hendijas hasta encontrar una “chiva” de tamaño decente y una vez cumplida la tradición, subieron al cuarto de Alexis. Hablaron hasta el amanecer y el muchacho pasó repitiéndose: “Yo voy a ser campeón mundial”.

Podría creerse que, después de la estrepitosa derrota, los nicaragüenses estaban decepcionados o incluso molestos; pero no fue así. Al día siguiente la portada del Diario La Prensa decía en letras gigantes: “Alexis campeón, pero todavía no”, y a su llegada al aeropuerto de Managua cientos fueron a recibirlo como si había ganado la corona. La confianza estaba intacta y Alexis la compensó apenas nueve meses más tarde, cuando le dio vuelta a una pelea que iba perdiendo, noqueando en el asalto 13 (de 15) al mexicano Rubén “El Púas” Olivares y alzándose con el cinturón de las 126 libras. Nicaragua tenía campeón.

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***

Como ya sabemos, la carrera de Alexis siguió en ascenso. Vino un segundo título mundial y luego otro más, hasta que intentó ganar el cuarto y se encontró con el estadounidense Aaron Pryor. Las dos peleas fueron tan memorables como dolorosas y Alexis decidió que era tiempo de pensar en retirarse. Pero estando lejos del boxeo, sucumbió ante un rival mucho más fuerte: las drogas.

La primera borrachera de su vida fue en 1984, un tiempo después de haber perdido por segunda vez contra Pryor. “Me acuerdo que fue en Londres, con Tom Jones, allá en una discoteca que se llama Underground. Allí tomé vino, y al día siguiente amanecí con una temblazón. En la misma confusión me fui de vago como dos meses a Europa y ahí anduve y comencé a tomarme tragos. Conseguí un trabajo en uno de los casinos de Donald Trump, y adonde yo iba había licor”, relató en abril de 2001, en entrevista con el periodista Fabián Medina, cuando estaba feliz estrenándose como asesor de boxeo en la Dirección de Deportes de la Alcaldía de Managua.

En esa ocasión habló sin tapujos sobre el origen de sus adicciones en el reino de Trump, ahora presidente de los Estados Unidos. “A mí me daban una lista de teléfonos y me decían: ‘Mirá Alexis, te tenés que ir al Brasil, o a Canadá o a Londres’. Yo les hacía una fiesta a los jugadores de mucha plata, llamaba a 40 o 50 y les decía: ‘Tengo una fiesta en el mejor hotel de la ciudad’ y los invitaba, y ellos llegaban por lo que yo era. Entonces de ahí yo tenía que salir con una mujer nueva. Por el ego… un ego desfigurado completamente”.

A esas fiestas llegaban hombres que en una sentada podían poner dos millones de dólares sobre la mesa de juego; el trabajo de Alexis era ser su anfitrión y durante cinco años vivió borracheras semanales. Además, en ese mismo círculo empezó a consumir drogas. Sin embargo, confesaba que no se arrepentía de los momentos que pasó en el mundo del espectáculo, porque la verdad es que los había disfrutado.

En esa época de luces, fichas y fiestas, Alexis se encontraba en el exilio. Estaba fuera de Nicaragua cuando triunfó la revolución y al enterarse de que el gobierno sandinista le había confiscado todas sus propiedades, decidió no volver. “Dos casas en Las Colinas, la casa de mi mamá, mi gimnasio, mi carro Mercedes Benz, otro carro BMW, una casa rodante y una lancha de lujo”, detalló el púgil en aquel contexto.

El exilio de Alexis fue un golpe duro para sus hijos, que se quedaron en Nicaragua. “Eso afectó su núcleo familiar, la distancia en que nos pusieron. No nos dejaban salir. Salíamos con permisos las pocas veces que nos lo permitían”, afirma Dora Alejandra Argüello, la hija mayor del tricampeón mundial.

Cuando los sandinistas salieron del poder y Alexis volvió a Nicaragua, a comienzos de los años noventa, venía sin un centavo y con muchas adicciones. Pasó directo a la casa de Donald Rodríguez, donde ya lo estaban esperando con una habitación acondicionada. En los primeros días tuvo una fuerte gripe y quienes lo visitaron se sorprendieron de encontrar al boxeador tan diezmado. Todos querían verlo. Todos querían una cita para hablar con él.
Poco a poco, Alexis fue nuevamente incorporándose a la rutina; pero también estaba por entrar a una de las etapas más difíciles de su vida. Fue deslizándose en el mundo de las drogas, cayendo cada vez más hondo, hasta convertirse en un indigente.

“Yo sabía cuando mi papá andaba en drogas. Tenía ciertos rasgos: los labios resecos, porque no producía saliva, le costaba hablar porque la boca se le entumía y tenía los ojos hundidos porque cuando se drogaba no dormía”, señala Dora.

“Estando en crisis se ponía incluso más hiperactivo de lo normal”, recuerda Donald. Y a veces exclamaba.
—¡Me quiero matar!
—Pues mataaaate —le contestaba su amigo. Y Alexis se ponía a reír.
—¡Creés que soy pendejo yo, qué me voy a matar! —decía.

En la época en que tocó fondo, cayó en el desaseo personal. Andaba una gran barba, las uñas largas y no quería bañarse, comenta su hija. Además se ponía arisco y paranoico, a nadie quería ver y a todo el mundo corría de su casa en Las Colinas. Escondía paquetitos de cocaína “detrás del inodoro y en las canaletas de las persianas”, dice Dora. Para ella, Alexis recibió “el campanazo de alerta” cuando empezó a escuchar voces.

Un día, estando en casa, de pronto agarró su jeep azul y fue a estrellarse contra un muro cercano. Los testigos lo vieron bajarse del vehículo y salir corriendo en camisola y calzoncillo, cuenta su hija. Lo que había pasado es que, acostado en su habitación, Alexis escuchó voces que brotaban desde el interior del armario y le decían: “Vení, vení, abrí la puerta”. Entonces sintió miedo y huyó, pero en lugar de ver un muro vio “un abismo”. Según Dora, su padre contó esos detalles en el centro de rehabilitación donde fue internado hacia el año 2000. No recuerda la fecha con exactitud.

Después de que Alexis llegó a la casa de Donald Rodríguez y se arrodilló pidiendo ayuda, este llamó a Pedro Solórzano, político recordado por sus competencias de carretones, quien por entonces era amigo del boxeador, y le preguntó qué podían hacer. Al lunes siguiente, Pedro, Donald y un vecino de Monseñor Lezcano al que apodaban “Cabezón” llevaron a Alexis al Hogar de Rehabilitación del Adicto (Hodera), ubicado en San Marcos, Carazo. Ahí estuvo durante 75 días y al salir del centro no volvió a caer en drogas por al menos cuatro años.

Una de las técnicas aplicadas en Hodera era la de poner a los adictos al centro de un grupo y gritarles insultos como “¡sos un drogo!” y “¡sos un acabado!” a fin de “bajarles el ego y la idea de que la droga les da poder”, afirma Dora. En el caso de Alexis, la terapia de choque debía ser aun más intensa, pues se trataba de un tricampeón mundial de boxeo.

Alguien que ha sufrido una adicción, nunca llega a reponerse por completo, debe vivir cada día del mundo combatiendo las tentaciones, evitando los deslices. Lo mismo le pasaba a Alexis, sostiene su mejor amigo. Y ya involucrado en la política, más de una vez tuvo una recaída.

Cuando se encontraba en Hodera, recuerda Donald, la familia y los amigos lo visitaban los domingos, y participaban en una especie de gran picnic, al que todos llegaban con comida hecha. Así fueron pasando las semanas hasta que Alexis “cumplió su condena”. “Salió bien y se voló como cuatro o cinco años así (…). Tuvo varias recaídas luego, cuando ya se metió en la onda de vicealcalde y todo eso. Ya las cosas son más difíciles, la rehabilitación era de otro tipo. Lo agarraban, lo escondían y lo metían en una clínica. Yo me daba cuenta, pero lo que decían aquí era que andaba viajando. Mentira, estaba metido en una clínica. Ocho, diez días y después ya salía bien, pero es otro tipo de rehabilitación, que es a huevo, no como cuando él quiso (voluntariamente)”.

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Donald Rodríguez, el mejor amigo de Alexis Argüello, en su oficina. Se conocieron en Monseñor Lezcano cuando Alexis tenía 17 años y él 19. Celebraban juntos sus cumpleaños en abril: Alexis el 19 y Donald el 20.

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“ Conocí personalmente a Alexis, cuando fue seleccionado por el Frente (Sandinista) para candidato a vicealcalde. No recuerdo quién lo contactó pero me parece que fue el ingeniero Francisco ‘Chico’ López”, relata Dionisio Marenco, compañero de fórmula de Alexis en las elecciones municipales de 2004. “La campaña junto a él fue una experiencia muy enriquecedora para mí. Todo el mundo lo conocía. Todo el mundo lo saludaba y se sentía el enorme cariño popular hacia él. Sin duda me ayudó muchísimo, pues yo era relativamente menos conocido. Su nombre nos ayudó a ganar holgadamente”.

Juntos recorrieron la mayor parte de Managua, a pie, en camioneta y en moto, “fue una experiencia inolvidable”, cuenta el exalcalde de la capital. Una vez que ganaron las elecciones, se instalaron en dos oficinas contiguas, comunicadas por una puerta siempre abierta, y el vicealcalde Alexis se concentró en la promoción del deporte. “Instalamos el gimnasio de San Judas y ese fue un semillero de boxeadores”, señala Marenco.

Mientras trabajaron juntos, no hubo un solo “punto de discordia”, pues era “imposible pelear o disentir con un ser humano tan bueno”, dice. “Alexis fue un gran amigo y un gran hombre. Se reía de todo, con una risa muy propia, muy ruidosa, tipo carcajadas”.

El tricampeón echó al olvido sus años en el exilio y las confiscaciones sufridas, para unirse al proyecto de la “Tierra Prometida” del Frente Sandinista. En 2001 apareció como miembro de la Convergencia Nacional, encabezada por el partido rojinegro, y en abril de ese año empezó a trabajar promoviendo el deporte desde la Alcaldía de Managua.
Fue Francisco “Chico” López, hombre cercano a Daniel Ortega y en ese tiempo tesorero del Frente Sandinista, quien convenció al boxeador de tener una plática con el líder del partido, casualmente cuando Alexis se encontraba tratando de retomar su vida, internado en Hodera. “Chico” López resulta ser el dueño de los terrenos en los que está ubicado el centro, según Donald Rodríguez.

“Yo conocí a Alexis Argüello en un tratamiento de recuperación cuando uno padece de problemas de adicción. Eso nos permitió hablar de algunas ideas relacionadas con el beneficio de la sociedad de este país y en particular algunos tópicos de Managua y fue así como lo invité para que viniera a hablar con el comandante Daniel una primera entrevista. Lo invité al proyecto de la Tierra Prometida, que es el proyecto del Frente Sandinista, que es el proyecto de la Convergencia”, afirmó López en una entrevista concedida al programa nacional Esta Semana, en 2003, cuando ya se hablaba de la candidatura del boxeador como compañero de Marenco.

En ese mismo programa, Alexis sostuvo que creyó en las palabras conciliatorias de Ortega porque “solo un hombre que siente la necesidad de unir fuerzas se baja humildemente y pide perdón; un hombre consciente es aquel que verdaderamente se quita el sombrero y dice frente a frente, viéndote a los ojos: ‘Perdoname, cometí un error’”.

Llegó a decir, incluso, que tal vez el Frente Sandinista sentía “el deseo de reivindicarse” con aquel muchacho al que le quitaron todo lo que había ganado a punta de esfuerzo. El tricampeón tenía claro que su fama podía ser utilizada políticamente, pero afirmaba: “Si me van a usar para el beneficio de Nicaragua, bienvenido sea”.

La noche del 6 de marzo de 2008, en una corta llamada telefónica, Alexis confirmó al Diario La Prensa su candidatura para alcalde de Managua por parte del Frente Sandinista. “Ahora lo está haciendo oficialmente (el nombramiento) el secretario del partido y presidente de la República (Daniel Ortega)… Yo soy un soldado. Él me escoge a mí porque sabe que le voy a hacer un trabajo estupendo”, comentó con cautela. Ese mismo año, “El Flaco” ganó las elecciones municipales en medio de un monumental escándalo por fraude electoral.

“No me alegré cuando ganó, sabía que venían muchos problemas para él”, dice su hija Dora. “Y él tampoco se alegró porque estaba claro de que había habido un fraude. Esa noche yo estaba con él en su casa, cuando dieron los resultados, y él no quería salir a las calles, pero no sé quién lo llamó y no era de que si quería o no quería, tenés que ir y punto. A esa hora nos alistamos y nos fuimos a la caravana que salió de la rotonda El Güegüense. Tuvimos que ir”. La otra razón por la que según ella, su padre no quería participar en la caravana es que “ya habían roces y fricciones con Fidel Moreno”, quien tras las elecciones llegó a la Alcaldía como secretario general.

En los siguientes meses se hizo evidente que en la Alcaldía había un poder más grande que el del alcalde; pero Alexis se limitaba a hacer bromas cuando se lo insinuaban: “¿Fidel, querés venir a agarrar la silla?”

Sin embargo, el viernes 26 de junio de 2009, cuando el tricampeón se encontraba en Puerto Rico asistiendo a la inauguración de un gimnasio que lleva su nombre, el Concejo Municipal convocó a una sesión extraordinaria que duró más de dos horas. El objetivo era modificar el presupuesto, crear dos nuevos distritos y darle más poder a Fidel Moreno. Con el nuevo organigrama, se le quitaron a Alexis la mayoría de sus atribuciones. Se estableció que el alcalde no podría supervisar el funcionamiento general de la Alcaldía, que solo Moreno tendría el poder para aprobar adquisiciones y que sería el secretario quien controlaría los siete distritos de Managua. Solo un concejal se opuso a las medidas. A Alexis le dejaron los programas sociales y deportivos y las relaciones públicas.

El domingo en la tarde el alcalde volvió de Puerto Rico y el lunes en la mañana tuvo un altercado con Moreno, afirma Dora Argüello, que en ese tiempo trabajaba en el área de Relaciones Públicas de la municipalidad. “El lunes yo llegué a trabajar a la Alcaldía y me llamaron para decirme que mi papá se había agarrado a los golpes en su despacho, que hasta sillas quebradas había. Me dijeron ‘Dorita, su papá acaba de salir hecho un demonio’. Ya no lo vi. Lo comencé a llamar y ya no me contestó”.

El martes Alexis no llegó a trabajar, asegura su hija. El miércoles en la madrugada estaba muerto.

***

Nadie lo vio triste en esos días. Preocupado sí. Sus más cercanos dicen que el alcalde había comentado que quería renunciar a su puesto. “Días antes habíamos hablado de que él ya no quería estar ahí, que quería renunciar. Él ya me lo había dicho, viniendo del supermercado del Ejército”, afirma Dora. Y el día previo a su muerte, Alexis habló con su amigo Eduardo Román, a quien le comentó que haría algo, pero nunca se supo qué era.

“Me siento culpable. De haber estado con él, pude haberlo evitado. Yo le dije, calma campeón, esperemos el día de mañana para hacerlo elegantemente, no se precipite”, comentó Román la noche del primero de julio de 2009, en el programa TV Noticias. No quiso aclarar a qué se refería, pero muchos creen que se trataba de la renuncia pública de Alexis.

Temprano, al amanecer de ese primero de julio, el país se había despertado con la nefasta noticia de que, a los 57 años de edad, Alexis, “El Flaco”, el tricampeón mundial de boxeo, se había llevado un arma al pecho para dispararse en el corazón. Dora Argüello estaba enterada desde varias horas antes, pues la madre de uno de los escoltas del alcalde la llegó a despertar para contarle lo sucedido. Tijerino escuchó la noticia en la radio y fue como si “le quitaban las baterías al Sol”. Dionisio Marenco supo lo que había pasado cuando abrió su correo y vio un mensaje de pésame.

A Donald Rodríguez le avisó la viuda Karla Rizo. Lo llamó desde el celular del boxeador y él pensó que su amigo había tenido una nueva crisis, pero cuando escuchó la voz de la esposa, preguntó: “¿Qué pasó?” “Alexis se mató”, dijo ella. A más de siete años de distancia, a Donald todavía se le eriza la piel cuando recuerda ese momento.

Algunas personas le preguntan si no siente miedo cuando está solo en una oficina forrada con fotografías del difunto boxeador. “¡Cómo le voy a tener miedo a ese jodido loco!”, replica él. A menudo sueña con su amigo y en el sueño le dice: “¡No jodás, qué andas haciendo aquí si vos estás muerto”. Entonces Alexis, sonriente y bigotudo, le responde: “¡No jodás, Negró, el muerto sos vos!”

 

De amores e hijos

Alexis Argüello tuvo una agitada vida amorosa. “Se enamoraba fácilmente y se casaba rápido”, dice su amigo Donald Rodríguez. Tuvo cinco matrimonios y los primeros tres coincidieron cada uno con un título mundial de boxeo.

Su primer matrimonio fue con Silvia Urbina, el 14 de agosto de 1971. El noviazgo solo duró tres meses. Alexis tenía 19 años. Tres años después se coronó campeón del mundo.
Su primer matrimonio fue con Silvia Urbina, el 14 de agosto de 1971. El noviazgo solo duró tres meses. Alexis tenía 19 años. Tres años después se coronó campeón del mundo.

Silvia Urbina. Fue su primera esposa. La joven blanca y delgadita a quien conoció durante un paseo en San Juan del Sur. “Fue amor a primera vista”, afirmaba Alexis. A ella le tocó una época dura, cuando el boxeador aún no se había coronado como campeón del mundo. Fruto de este matrimonio son: Alexis Junior y Dora Alejandra Argüello.

Al inicio de la relación, el papá de Silvia no estaba de acuerdo. Pensaba que Alexis era un muchacho sin oficio ni beneficio, que se la pasaba aplanando calles y jugando beisbol, cuenta Dora.

Patricia Barreto. Divorciado de Silvia Urbina, Alexis fue seleccionado como “el soltero del momento” por la revista Acuario, señala Tijerino en el libro “El ídolo no muere”. Fue entonces que se casó con Patricia, “una chavala guapa”. La fiesta fue ruidosa, con bocadillos y champán, nada parecida a su modesta boda con Silvia. De esta unión nació André.

Loretto Martínez. Fue uno de sus matrimonios más duraderos. Tijerino la describe como “alta, esbelta, amable, dispuesta a sonreír”. Alexis la conoció en Miami en 1978 y en esta relación —dice el cronista—, encontró “comprensión, tranquilidad y asesoría adecuada”. El púgil sentía que tenía un verdadero hogar, pero este matrimonio también terminó. Roberto y Diego son los hijos nacidos en esta relación.

Alicia Esquivel. Ella vivió la etapa de las adicciones de Alexis en los 14 años que convivió con él. Se conocieron en un restaurante a inicios de los 90; ella tenía 20 años, Alexis 41. “Vivimos los peores momentos de la vida de Alexis, nunca me comentó que se quería matar. Más bien quería salir adelante”, dijo en noviembre de 2009 al Diario La Prensa. Ella no estuvo de acuerdo con la versión oficial de que Alexis cometió suicidio, y lloró su muerte. Durante esta relación nació César Benjamín y la pareja adoptó a Sixela (Alexis al revés).

Karla Rizo. Fue la última esposa de Alexis Argüello. Hay informes de que ambos se conocieron cuando el boxeador estuvo a cargo del gimnasio Róger Deshon. Karla es la mujer que estuvo con Alexis en la última de sus noches y fue una de las últimas personas que lo vieron con vida; por eso, para muchos ella es quien podría disipar las dudas que hay en torno a la muerte del boxeador. Andrés es el hijo que nació de este breve matrimonio.

Lea: Campeones sin corona, la época de oro del boxeo nicaragüense

Así era el campeón

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De chavalo, con una novia en su lugar favorito: el mar.

Lugar preferido: el mar. Le encantaba la playa y su favorita —según su amigo Donald Rodríguez— era el popular Pochomil. O al menos era al que más visitaba. Se instalaba en un rancho, comía pescado y bebía sopa marinera.

Un grupo musical: adoraba a La Sonora Matancera, grupo cubano fundando en los años 20 en la ciudad de Matanzas. Cuando escuchaba los boleros de La Sonora, “era como que lo habían conectado y comenzaba a bailar”, cuenta su hija Dora Argüello.

Un género: le gustaba mucho la salsa y era un gran bailarín.

Una canción: Atrévete, de Calle 13. La bailaba imitando los pasos saltarines que ejecutan los adolescentes cuando bailan reguetón. No importaba la hora, no importaba el lugar, asegura su hija.

Chistes favoritos: casi todos los de Pepito. Podía escucharlos cien veces y cien veces volverse a reír a carcajadas.

Debilidad: la ropa. Le gustaba vestir impecablemente y con prendas muy finas. “Compraba mucho en su época de abundancia y nunca estaba satisfecho”, afirma el cronista deportivo Edgar Tijerino en su libro “El ídolo no muere”.

Su primer carro: una “porra” que se le quedaba en todos lados y debía andar empujando.

Responsable: desde el exilio mandaba dinero a su familia. “Nunca olvidó a sus padres, después de cada pelea, me encargaba de entregar cinco mil o diez mil dólares en las manos de ellos”, afirmó su amigo el periodista Juan Navarro en 2012.

Películas: entre sus preferidas estaban las de acción, las comedias y las de Cantinflas. Prefería ver televisión que ir al cine.

Un actor: Jim Carrey, el actor canadiense de las mil muecas.

Comida favorita: los churrascos. También le gustaban las comidas derivadas del cerdo.

Vicios: la Coca Cola y los cigarros Marlboro negro.

Gastón: jamás ahorró un centavo, afirma su mejor amigo. En una ocasión, en los años 90, cuando volvían de una gira por Japón, Alexis se quedó en Los Ángeles con una rubia y veinte mil dólares. Dijo que solo serían tres días, pero regresó a Nicaragua un mes más tarde, sin maleta y sin dinero para pagar el taxi que tomó en el aeropuerto.

Persona admirada: el nadador estadounidense Michael Phelps. Alexis lo conoció en los juegos de Beijing 2008 y después no paraba de hablar “maravillas” sobre él.

Temperamento: era bromista y se reía todo el tiempo. Pero podía ser terriblemente estricto con sus hijos.

Anécdota: en un viaje a las Islas Canarias entró a un bar y pasó cantando toda la noche. Hizo que el hombre del piano le tocara su canción “Palmeritas”, tarareándole la melodía.

Nivel escolar: llegó hasta primer año de secundaria. “Lo que pasa es que después de que se hizo campeón de boxeo, él estudió como en dos o tres lugares y lo hicieron bachiller a huevo”, dice su amigo Donald.

Mitómano: “A Alexis creele un poquito menos de la mitad de todo lo que dice”, advertía Donald a los demás. Se inventaba “chochadas”, mentiras blancas, como frases que su madre nunca había dicho.

Animales: en una época tuvo un verdadero zoológico en su casa de Las Colinas. Monos, gatos, perros, venados, cusucos, un tigrillo y hasta caballos.

El país que más quería conocer: Francia. Y lo logró. Viajó por todo el mundo gracias a su gran carrera de boxeador.

Deseo no cumplido: según Dora, Alexis quería ser cremado y que sus cenizas fueran arrojadas al mar. “Que me lleve el viento”, pedía. Debido a las accidentadas circunstancias que rodearon su muerte, no fue posible cumplir su deseo. Dora espera algún día poder exhumar su cuerpo para incinerarlo y llevar las cenizas a San Juan del Sur, la playa donde sus padres se conocieron.

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Alexis, el artista

Con Sylvester Stallone.
Con Sylvester Stallone.

Alexis Argüello fue Pepe Moya, narcotraficante que muere en un tiroteo tras vengar la muerte de su hermano Diego. La historia se desarrolla en el episodio 12 de la famosa serie televisiva policíaca Miami Vice, que fue transmitido el 4 de enero de 1985 y quedó como recuerdo de esa faceta casi desconocida del tricampeón mundial de boxeo: la de artista. Las escenas del nicaragüense vistiendo un impecable traje gris y sosteniendo una ametralladora se encuentran fácilmente en la web, lo que poco se dice es cómo terminó participando en la serie.

“Fue circunstancial”, cuenta su hija Dora Argüello. Alexis estaba entrenando en Miami cuando “se topó con la producción” de la serie; las calles estaban cerradas y él se bajó de su vehículo para averiguar qué estaba sucediendo, “en ese momento, durante el rodaje, entre los actores le reconocieron como el boxeador del momento”. “Uno de los publicistas de la serie —asegura Dora— notó su presencia y lo invitó a que se reunieran para ver si él estaría interesado en participar en la producción”. Poco después apareció en el programa.

De las andanzas del boxeador nicaragüense en el mundo artístico también se conservan fotografías en las que aparece junto a personajes como Sylvester Stallone y Clint Eastwood. Por entonces estos actores rodaban películas ligadas al boxeo y les parecía interesante conocer a personas vinculadas con ese mundo, comenta Dora.
Con Eastwood coincidió varias veces a finales de la década de los setenta, y fue el propio actor quien solicitó ser presentado al púgil nicaragüense, asegura su hija.

En cuanto a la famosa foto con Sylvester Stallone, fue tomada durante “una reunión de negocios”.. Cuando en 1981 Alexis ganó la pelea contra Ray “Boom Boom” Mancini, el intérprete de Rocky Balboa se comunicó con él y tuvieron un almuerzo para hablar de negocios. “Fue en esta reunión que se tomaron la foto que muchos conocen en la actualidad”, afirma Dora. Pero hay al menos dos fotos más de Alexis con Stallone.

Una muestra más de los talentos de Alexis es la canción Palmeritas, interpretada por el boxeador. “En 1975 Alexis estaba en Cosigüina, Chinandega, andaba de cacería de animales silvestres. A él le gustaba cazar. En ese lugar conoció a Rafael Hernández. Este hombre es compositor y le cantó la canción Palmeritas, a Alexis le gustó y le prometió que la iba a cantar y a grabar en un disco”, cuenta Wilmor López, periodista y folclorista nicaragüense.
La grabó al año siguiente, en un disco pequeño, y “fue la única canción que cantó Alexis”, afirma López.

Caballo, bandera y fusil

Vestido de guerrillero, en los campamentos de la Contra.
Vestido de guerrillero, en los campamentos de la Contra.

Estos son los tres primeros momentos críticos de Alexis Argüello en la política, mucho antes de involucrarse directa y voluntariamente con un partido, el del Frente Sandinista. Casi siempre resultó envuelto debido a su falta de astucia para asuntos políticos.

Caballo. A mediados de los años setenta, Alexis apareció montado en un caballo durante una manifestación somocista en Estelí y fue criticado duramente. Muchos años más tarde, aseguró que René Molina, diputado vinculado al deporte, fue quien le pidió que participara y que no lo invitó a una manifestación sino a una fiesta patronal.

Donald Rodríguez afirma que él estaba con Alexis ese día. La verdadera historia, dice, “es que andábamos de vagos”. “Nosotros no andábamos con Somoza. No nos importaba Somoza, si éramos chavalos. Andábamos el “Curro” Dosman (entrenador de Alexis), Alexis y yo. Estábamos hospedados en un hotel. Nos bajamos, ya bañados, tipo 9:00 de la mañana a desayunar y vemos venir la manifestación. La bulla es cuando ven a Alexis. Alguien le dice que se baje, todos lo conocen. Dicen: ¡Traele el caballo! Como él es loco, se montó en el caballo y punto. Anduvo un tuco, se bajó: ‘Me duele el culo, ¡vámonos!’ Esa la verdadera historia”.

Bandera. El 8 de julio de 1979, cuando ganó la pelea contra Rafael “Bazooka” Limón, en el Madison Square Garden de Nueva York, le colocaron una bandera del FSLN sobre los hombros. Puede apreciarse el momento en el video del combate, que está en YouTube. . Nada de esto impidió que tras el triunfo de la revolución, el gobierno sandinista le confiscara todo.

Fusil. En 1983, enojado por la confiscación que había sufrido, Alexis apareció enmontañado, con traje militar y un fusil, junto a Edén Pastora en los campamentos de la contra en el Frente Sur. Su amigo Donald Rodríguez no puede contener la risa cuando recuerda el episodio. “Sí creo que fue por su gusto cuando salió vestido de guerrillero. Eso sí es verdad. Bien loco el hijueputa, cuando la vi (la foto), me reí. De las tres cosas (el caballo, la bandera y el fusil), la más segura es el fusil, que fue por su gusto”.

Unas dos veces fue a visitar a Edén Pastora. Alexis quería ayudar a erradicar el comunismo, pero lo que encontró “fue a los nicaragüenses matándonos con armas rusas y americanas”, comentó en 2003 en el programa Esta Semana. “Eso fue lo que encontré y me desanimé”.

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Perfil, Reportaje