Jorge Calderón: El poeta de los 200 pesos

Perfil, Reportaje - 12.02.2017
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El autor de uno de los poemas nicaragüenses más conocidos vive en Ocotal y tiene 90 años.
Este es don Jorge Calderón Gutiérrez

Por Amalia del Cid

En Nicaragua hay un famoso poema de un no tan famoso autor. Es más popular en los días de mayo, cuando las radios y los actos escolares se llenan de mensajes para las madres. “Yo tuve una madre buena, yo tuve una madre santa. La que me arrulló en la cuna y lavó mi ropa blanca de noche, frente a la Luna”, dice la primera estrofa.

A sus 90 años, don Jorge Calderón Gutiérrez puede recitar su poema de memoria y sin vacilar. Van surgiendo los versos en un suave gorgoteo y el hilo de su voz se quiebra ligeramente en los momentos más conmovedores. Tiene los ojos llenos de lágrimas, como si contara su propia historia.

“A la casa llegué loco de contento, de alegría, y al golpear a la ventana porque la puerta no abría, una vecina de enfrente me dijo:
—¿A quién buscás?
—A mi madre —le contesté muy ufano.
—¿La viejita que lavaba pisos de noche y de día?
—Sí —le dije—. ¡Esa es mi madre! La mejor del mundo, ¿sabe?
—Y cómo no he de saberlo —me dijo aquella vecina—, si murió lavando pisos anteayer. Y ayer, cuando la enterramos, al desasirle las manos, que las tenía crispadas, le encontré doscientos pesos: los últimos que ganara para enviárselos a su hijo, y ayudarle a que a su lado lo más pronto regresara. Tomalos. Aquí los tenés. Es dinero bien ganado.
¡Y no iba a serlo! Aquí están doscientos pesos cansados. ¿Los quiere alguien? Los regalo. Tómenlos, por Dios, que a mí… ¡A mí me queman las manos!”

Don Jorge guarda silencio unos segundos, el tiempo justo para salir de su personaje. Ahora es nuevamente el anciano con fama de sabio conocido a lo largo y ancho del pueblo de Ocotal. “Me tengo que posesionar de que soy el propio hijo, para poder transmitir el sentimiento”, explica, sentado en la sala de su casa, que está siempre a media luz.

“Quién quiere doscientos pesos” ha cruzado fronteras y sus 16 estrofas se han grabado y recitado incontables veces. Suele encontrársele en los discos piratas que cada 30 de mayo se venden como pan caliente; pero eso a don Jorge le tiene sin cuidado. Ni siquiera le incomoda que muchos se lo atribuyan al célebre Indio Duarte.

Se cruza de piernas, con la eterna boina inclinada hacia la derecha, y dice: “Yo no sé por qué le han hecho tanta bulla a ese poema”.

 

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