La reina sin corona

Perfil - 27.01.2017
Beatriz Obregón Lacayo. Miss Nicaragua 1977. Certamen de Belleza. Miss Universo 1977.

En 1977 Beatriz Obregón Lacayo figuró entre las 12 mujeres más bellas del universo. Fue la primera vez que Nicaragua llegó al top de Miss Universo, un logro que hasta ahora solo tres nicaragüenses han alcanzado

Por Tammy Zoad Mendoza M.

Ese año se coronó la primera reina negra en la historia de Miss Universo: Janelle Commissioling, de 24 años. Janelle era de las populares, pero no figuraba entre las favoritas del jurado. En la lista de las más hermosas estaba la imponente Miss Austria, Eva María Duringer, la exótica colombiana Aura María Mojica y la “barbie latina de Nicaragua”: Beatriz Obregón Lacayo. La lista se escuchaba en los pasillos, se mencionaba fuera del aire y aparecía en pronósticos de periódicos de 1977.

Era inicios de julio y la atmósfera en el Teatro Nacional de República Dominicana se agitaba. La isla caribeña fue la sede del capítulo 26 de Miss Universo.

Ahí estaba ella. Alta y delgada como una espiga, con dos pechos que sobresalían entre la anatomía de las demás. Blanca, con un largo cuello sosteniendo el fino rostro coronado con una melena oscura y espesa. 18 años, 125 libras y 1.75 metros de estatura.

“Ahora peso unas 20 libras más, creo que me encogí, pero me siento muy bien, por dentro y por fuera”, dice Beatriz Sevilla, de 53 años. Se casó con Eduardo Sevilla Somoza. Tienen tres hijos y está a la cabeza de su familia.

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“Vamos a llamar a las semifinalistas, una de estas hermosas muchachas será Mis Universo 1997”, decía en tono melódico el presentador de televisión estadounidense, Bob Barker. “Escocia. Trinidad y Tobago. Estados Unidos. Venezuela. Austria… Nicaragua…”. A pesar de los rumores y de los calificativos públicos que de los especialistas le ponían, la “barbie latina de Nicaragua” estaba sorprendida.

“Nunca fui una chavala tan preocupada por asuntos de belleza, sí me gustaban las pasarelas, pero más por el asunto del fashion”, asegura Sevilla. Se creía muy flaca, evitaba usar ropas escotadas para no evidenciar más su busto bien dotado, pero sabía que tenía una belleza natural que atraía.

Así también, sin quererlo tanto, ganó el Miss Nicaragua ese año. No era favorita, pero su porte y carisma le valieron el título. Si hay algo que se mantiene en la historia de estos certámenes, es la controversia. La reina saliente y la favorita de ese año eran de Matagalpa. Cuando el jurado anunció los resultados hubo molestias. La reina del 76 salió a hacer el acto simbólico de coronación. La dejó modelar y posar un rato. Luego se acercó a quitarle la corona.

“Hace pocos años me enteré que en ese entonces no tenían una corona para el certamen. La que usaba la Miss anterior era de ella, solo me la prestó. Nunca tuve una corona, me la deben”, cuenta entre risas al recordar ese episodio.

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En las primeras tomas del certamen modela el traje nacional, parece estar nerviosa pero lo disimula con paso elegante y sonrisa al final.

“Las muchachas tenían un equipo detrás de ellas, llevaban hasta diez maletas, estaban entrenadas, era algo intimidante”, recuerda doña Beatriz.

Ella apenas había recibido un par de lecciones por parte de una buena amiga. Llegó a la competencia valiéndose de su belleza, carisma y elegancia, acompañada con solo dos maletas. Lo que pudo comprar a última hora con un regalo imprevisto: Anastasio Somoza la conoció en la Casa Presidencial y al enterarse que no había recursos para que representara al país en Miss Universo, le dio dinero para hacer algunas compras.

Viajó a Miami para abastecerse de maquillaje y ropa, lo justo para salir bien librada de las tres semanas de competencia.

“Éramos un grupo muy hermoso, alegre y unido”, recuerda Beatriz Sevilla, como hace llamarse ahora por su apellido de casada.

Todo iba bien hasta la entrevista la noche del certamen, el presentador se empeñó en hacerla hablar inglés cuando ella no sabía más de tres palabras. Aquello parecía un reality show, en que dos personas de idiomas diferentes hablaban con torpeza una lengua ajena.

Entre el jurado estaba Oscar de la Renta, diseñador dominicano; Gordon Parks, reconocido fotógrafo norteamericano y Roberto Cavalli, diseñador italiano. La joven Beatriz le pareció el maniquí perfecto a De la Renta, quien en dos ocasiones la invitó a ser su modelo. Pero ella no estaba interesada.

Se casó al año siguiente del certamen y ese mismo año tuvo a su primer hijo. Desde que se fue del país, en 1978, Washington es su segundo hogar, pero añora su patria.

“No me arrepiento de ninguna decisión que tomé. Me siento agradecida con Dios por todo lo que me ha dado. Tengo a mi familia, amigos, he recorrido el mundo y ahora estoy haciendo algo que amo”, comparte Sevilla.

Luego de dedicar su vida a la familia, hace cuatro años Beatriz Sevilla empezó a trabajar para Cartier, luego la invitaron a dirigir la tienda Channel en Washington donde es diseñadora de imagen.

Si hay algo de lo que se avergüenza es de haber desfilado con un exótico copete y un peinado esponjado… Y no haber sabido inglés para responder con propiedad. “Quizá si hubiera tenido una mejor entrevista habría llegado más lejos”, supone.

“Nunca me consideré la más bella, pero sabía que les llamaba la atención mi personalidad. Mi entrevista con el jurado fue maravillosa, me preguntaban de mi país y duramos un buen rato hablando un poco de todo”, recuerda con modestia Beatriz Sevilla.

Beatriz Obregón, 58 años.

 

 

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