Los rostros de Aminta

Perfil, Reportaje - 09.08.2015
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Esta es la historia de una muchacha que dejó a su novio para meterse al convento y luego dejó el convento para irse a la guerrilla. Madre. Abuela. Artista. Fanática del Real Madrid y cuestionada jefa de la Policía Nacional. Ella es Aminta Granera

Por Amalia del Cid

El mundo está lleno de personajes intrigantes y contradictorios, en los que parece coincidir lo mejor y lo peor de la especie humana. Aminta Granera es uno de ellos. La mujer que recientemente lloró y prometió justicia ante la familia de dos niños y una muchacha acribillados a balazos por “error” durante un operativo antidrogas en Las Jagüitas, dirige una Policía que se caracteriza por hacerse de la vista gorda cuando las turbas del gobierno apalean a quienes reclaman el derecho a la protesta; que ya ha matado o herido a varios ciudadanos por “accidente”; que se ha revelado capaz de convertir cocaína en talco y ha entregado malas cuentas sobre reos muertos en sus celdas en circunstancias por lo menos extrañas.

Fuera de eso, y aquí viene la contradicción, Aminta es aquella muchacha que a comienzos de los años setenta abandonó a un novio para tomar los hábitos y luego dejó el convento para colaborar en la insurrección que acabó sacando a Anastasio Somoza Debayle de la Presidencia. Es la mujer que toca el piano, el acordeón y la guitarra, que canta, reza, cose y pinta, que escribe poesía y dice que sueña con sembrar rosas amarillas.

A inicios de su gestión como directora de la Policía Nacional, allá en septiembre de 2006, era una figura simpática, apreciada por la población y los medios de comunicación independientes. Pero actualmente los analistas la ven como una pieza más en el tablero de Daniel Ortega Saavedra, el presidente inconstitucional de Nicaragua, y coinciden en que desde 2011, cuando aceptó permanecer en su cargo aunque la Ley se lo prohibía, Aminta fue perdiendo autoridad hasta quedar como una simple relacionista pública de la Policía. Eso sí, dicen, la mejor de las relacionistas públicas.

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Pasaba por la calle cuatro veces al día, de la casa a la escuela, de la escuela a la casa, para asistir al turno de la mañana y al de la tarde, con la blusita blanca y la falda a cuadros de las alumnas del colegio La Asunción. El cabello largo y oscuro, la piel clara, la figura esbelta y los ojos tímidos. “Adiós”, la saludaba Roberto Cajina. “Adiós”, respondía Aminta Granera. “Era una muchachita dulce. Extremadamente dulce. Un poco introvertida, muy cariñosa, nunca la vi enojada”, recuerda Cajina. La conoció en 1965, cuando ella cursaba la secundaria y él se hospedaba en la “Ciudad Universitaria”, a la que llegó para intentar convertirse en médico.

En la casa vecina habitaban los Granera Sacasa. La propiedad de don Pepe Sacasa, abuelo de Aminta y director del Instituto de León, “era lo que llamaban chalet en esa época”. “Ubicada frente a la iglesia El Calvario. De concreto, con un portoncito de hierro y ventanas bonitas. Esquinera, con jardines. Una de las mejores de León”, describe Cajina. Se trataba de una familia de clase alta, al menos “políticamente arriba”.

Y en esa familia nació Aminta Elena, el martes 18 de septiembre de 1951, primogénita de los cinco hijos —dos mujeres y tres varones— de Ariel Granera Padilla, farmacéutico, y Susana Sacasa, ama de casa. Su madre todavía vive. Su padre se llevó un arma a la cabeza la madrugada del jueves 9 de diciembre de 1999, de acuerdo con el Diario La Prensa, que publicó la noticia al día siguiente. La Policía guardó silencio. También la familia. Y los vecinos descartaron que la decisión del doctor haya derivado de deudas bancarias. Cuando ocurrió la tragedia, Aminta tenía 48 años y era comisionada y jefa de Tránsito Nacional.

Pasó los primeros años de su infancia viviendo en el instituto dirigido por su abuelo materno y los siguientes en el barrio El Calvario, en un hogar que quienes la conocen desde aquella época recuerdan como “muy, muy amoroso”.

Sin llegar a ser rata de biblioteca, siempre se llevaba el diploma de mejor alumna del colegio La Asunción. Leía. Tocaba el piano, que empezó a estudiar a los siete años de edad, guiada por su tía Marta Sacasa. Hacía de pícher en los partidos de beisbol que la chavalada improvisaba en las calles y sacaba tiempo para anotarse en las causas sociales que se atendían en el colegio. Eran grupos de estudiantes que se organizaban, por ejemplo, para ayudar a hacer casas en los barrios o conseguir materiales para viviendas en zonas marginales, cuenta una fuente cercana que solicitó se omitiera su nombre.

En 1968 Aminta se fue a estudiar Filosofía a la universidad de Georgetown, en Estados Unidos. Ese periodo en Washington fue “decisivo” en su vida, señaló en una entrevista concedida al periodista Fabián Medina para El Semanario, en 1996, cuando era comandante de la Policía y se preparaba para asumir Tránsito Nacional. “Ayudó a profundizar contradicciones internas que yo ya sentía, una necesidad muy grande de justicia social”, le dijo.

Entonces se fue a Ecuador, donde durante un año trabajó como misionera con indígenas y después partió hacia el convento de las monjas de La Asunción, en Guatemala. “En pueblo chiquito, infierno grande. ¡Ah, la Aminta se va a hacer monja! Fue la comidilla de un buen sector de la población leonesa. Pero qué lindo, qué bien, esa vocación de servicio”, relata Cajina. “Ahora lo que yo le veo es vocación de poder y me duele, porque a pesar de las diferencias yo la quiero mucho”, lamenta.

“A la Aminta Granera de hoy la desconozco. Es que el poder cambia a las personas. No es la misma persona que yo conocí”, y “no es solo que haya cambiado el uniforme a cuadros del colegio La Asunción por el uniforme azul de la Policía, el manejo de su imagen también refleja ambición, a fin de cuentas”, comenta Cajina, quien además es consultor en temas de seguridad. “Si yo quiero presentarme ante la gente de una determinada manera, es porque aspiro a algo. Me tengo que vestir para la ocasión”, analiza entre una nube de humo. Ha estado fumando cigarro tras cigarro, agitando su memoria para no permitir que algún recuerdo pase inadvertido.

“Tuve muchas esperanzas cuando Enrique Bolaños la nombró directora de la Policía Nacional”, suspira. “Pero ella no es víctima de las circunstancias”, se apresura a aclarar. “Si fuera una persona de escaso nivel académico, de muy poca presencia a nivel nacional, está bien, pero es una mujer formada académicamente, tal vez no de grandes luces intelectuales, pero sí formada, con carisma, con una capacidad de convencimiento extraordinaria. Te vende a la mejor Policía del mundo, es capaz de vendérsela al mismo ‘Chapo’ Guzmán”, dice. Y no puede contener la risa al referirse al capo mexicano.

Enseguida recobra su expresión seria y repite: “No es víctima”. “Ella como directora condujo el proceso de entrega de la Policía Nacional (a Daniel Ortega), así como el ‘Chele’ (Julio César) Avilés condujo el proceso de entrega del Ejército. No es que Ortega llegó. No, estos son manejos que salieron de Plaza El Sol”. “No es ninguna víctima de las circunstancias. Ella creó las circunstancias sobre las circunstancias creadas por Ortega, se montó sobre ellas y ahí está”, afirma.

Y enciende otro cigarrillo.

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Cuando se propuso tomar los hábitos de la orden de La Asunción, Aminta Granera dejó atrás a un joven jinotepino con el corazón roto. Había sido su novio durante cinco años e intentó convencerla de que la idea de ser monja era “una locura”. No lo logró. Entonces se convenció a sí mismo de que ella volvería pronto, “en uno o dos meses”. “Nunca pensó que fuera definitivo. Pasó escribiendo todo el tiempo”, dijo Aminta a El Semanario, en 1996.

La “locura” le duró cinco años. Hizo el postulantado, el noviciado, el junoriado, y a punto estaba de tomar los votos cuando decidió que no, que mejor volvía a Nicaragua para aportar un grano de arena a la lucha contra la dinastía de los Somoza, familia dispuesta a no salir del poder por las buenas.

No, no volvió a Nicaragua por el novio, aclaró en aquella entrevista. “Cuando yo decido salirme del convento tomo conciencia de que sus ideales y sueños no son los mismos míos. Ya él está en un proceso, yo diría de aburguesamiento, y yo salgo del convento para entrar al Frente Sandinista”.

Todavía era monja cuando, según ella, empezó a comprender el porqué de la lucha armada en Centroamérica. La “inquietud” le nació después de encontrarse con el Ejército Guerrillero de los Pobres (EGP), en Guatemala, donde trabajaba con indígenas. Por esos mismos días, primos y primas que ya estaban en el Frente Sandinista, llegaban a verla y la invitaban: “Venite Aminta, que te necesitamos, ya va a empezar la ofensiva final”. “Llega un momento en que te das cuenta que solo el compromiso espiritual no es suficiente”, explicó a El Semanario.

Su primera etapa como colaboradora del Frente Sandinista es algo incierta. Se sabe que apoyó a la guerrilla en zonas urbanas, a través de grupos religiosos, pero no que haya entrado de lleno a la lucha armada. Al menos la excomandante guerrillera Dora María Téllez, no recuerda haberla visto en occidente. Ni la excomandante guerrillera Mónica Baltodano en Managua.

“Yo no la vi ahí (en la insurrección final de León), a lo mejor andaba. Hubo gente que no la vio jamás. Hay que preguntarle a ella dónde estuvo”, comenta Téllez. “Me han dicho que ella participó, pero no sé qué hizo, ni en qué tendencia estuvo. Si ella hubiera estado en Managua sería raro que yo no me haya dado cuenta”, dice Baltodano.

El asunto es que al triunfar la revolución, Aminta Granera entró al Ministerio del Interior, y durante la década de los ochenta trabajó en Información y Análisis. Fue a dar a la Policía Nacional en 1990, cuando el ministerio fue reducido por el nuevo gobierno, y los primeros años siguió analizando números como jefa de Secretaría Ejecutiva.

En esa época la conoció el periodista Roberto Orozco. “La misma Aminta, muy cordial, muy atenta, hablantina, solo que sin el protagonismo”, recuerda. “En aquel entonces no había mucho interés en las estadísticas, por lo tanto ella no era muy importante, casi nadie la cubría. Quien daba la información era Vilma Reyes, la vocera. Ella le pasaba las estadísticas a Vilma. Aminta no era del atractivo de los medios”.

Para el año 2008, ya como directora de la Policía Nacional, Aminta Granera aún era accesible, “todavía el Gobierno no había cerrado la Policía”, señala Orozco, quien para entonces trabajaba en el Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas (Ieepp). “Aminta profundizó relaciones con los civiles, cosa que ningún otro director había hecho. Desde siempre ha sido toda una relacionista pública. Te trata a nivel personal, de vos, usa un lenguaje amistoso, te hace sentir confianza, y la persona receptora se abre. Es muy inteligente”.

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Aminta Granera es de círculos pequeños y tiene “cero” vida social. Su rutina, según ella, es ir de su casa a la Policía y de la Policía a su casa. (Su casa es una mansión en una zona exclusiva de Managua. Su oficina queda en Plaza El Sol). Está casada con el economista Oswaldo Gutiérrez desde 1980. Tiene tres hijos, dos mujeres y un varón, y ya es abuela. Llama a su nieto “Rayito de Sol” y a su nieta “Rayito de Luna”, comentó en agosto de 2012, en el programa televisivo nacional Ellas lo dicen, una tertulia de casi hora y media en la que habló de su vida personal y pidió que no se tocaran temas espinosos.

De su esposo dijo: “Ha sabido apoyarme, entender mis ausencias, estar siempre presente en casa”. Se describió como una madre y abuela alcahueta y aseguró tener una familia “muy, muy unida. Muy feliz. Con mucho amor”. “Hemos aprendido a aprovechar los momentos en que estamos juntos. No es un asunto de cantidad de tiempo, sino de intensidad de tiempo”, señaló.

No se maquilla. No se pinta las uñas. No va a salones de belleza. Le encanta ir al cine, pero no ve películas de tragedia y llanto, porque “suficiente sufrimiento hay en la vida real como para ir a sufrir al cine”. Asiste a los actos del Día de las Madres que se celebran en el colegio de sus nietos. Baila. En ocasiones canta, aunque sin grandes dotes vocales, y según una fuente cercana, de vez en cuando toca instrumentos musicales en reuniones íntimas.

En el ámbito laboral, aseguró en el programa, procura mantener distancia con sus subordinados, a fin de no crear divisiones. “El tener cargo muy elevado en instituciones con tantos subordinados, te impone una dosis de soledad muy grande. No te permite tener amigos. Tenés compañeros y compañeras, porque si vos hacés un grupo eso te divide a la institución”, expresó. Y luego, a manera de broma, dijo que solo hay un momento en que “los compañeros tienen miedo” de entrar a su oficina: cuando pierde el Real Madrid. “Ellos saben que soy fanática a muerte. Quedo grave, grave, grave, gravísima. Entran de puntillas, le preguntan a mi asistente: ‘¿Cómo está?’ ¡Fatal! Entonces dan la vuelta. Cuando pierde el Real Madrid no se acercan. Cuando gana se me llena la oficina. Llegan todos”.

En su relación con la gente de la jefatura, Aminta “es una mujer mano de hierro, guante de seda”, considera Roberto Cajina, quien como consultor ha trabajado de cerca con el Ejército y la Policía. “Es parte de su política de imagen, a final de cuentas. Es una mujer firme, aunque de convicciones no creo, porque de 2007 para acá las convicciones pasaron a segundo plano”, sostiene.

Ahora, dice Cajina, la directora de la Policía solo “tiene poder administrativo formal”. “Hay una línea vertical que pasa por encima de ella. Ortega tiene operadores políticos dentro de la Policía. Se dice que las órdenes de Ortega pasan a (Néstor) Moncada Lau, él las baja al jefe de la Policía de Managua (Róger Ramírez) y él es el que maneja toda la cuestión… Desde el momento en que (Aminta Granera) aceptó continuar en su cargo de manera ilegal, pasando sobre la Ley 228, que decía cinco años y pasa a retiro, es duro decirlo, pero ella es una marioneta de Ortega”.

¿Cuál es entonces la función de Aminta Granera en la Policía Nacional? “Relaciones públicas”, contesta de inmediato Roberto Orozco, actualmente consultor independiente en temas de seguridad y crimen organizado. “Ortega la mantiene en el cargo, pero los que responden directamente a Ortega están debajo de ella. Eso es clarísimo. El mando lo tienen los fieles a Ortega, entre ellos Róger Ramírez. Son comisarios políticos, fieles garantes de las disposiciones de Ortega”.

Para Gonzalo Carrión, abogado del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), a la fecha el papel de Aminta Granera en la Policía es el de “una extraordinaria persona para el marketing local y especialmente internacional. Una canciller de lujo, la cara bondadosa de la Policía Nacional”.

Y a juicio de Dora María Téllez, “ha prestado un servicio de primera calidad enmascarando la pérdida de institucionalidad de la Policía Nacional. Con ella se nota menos el proceso de descomposición. Ella no es rehén de Ortega, es una de sus piezas más valiosas”.

Desde la perspectiva de Téllez, Aminta Granera es a la Policía lo que Roberto Rivas Reyes al Consejo Supremo Electoral (CSE). “Ni más ni menos. Solo que Roberto es bayunco, no disimula, no tiene trato, no tiene don de gente. Ella cumple el papel de enmascaramiento y él es descarado. En otras palabras, es más sincero·”.

Si Aminta es “buena, bien humana, si llora, si sufre, si se conmueve cuando ve una película, ese no es mi problema. Mi problema es que ella cumpla con sus responsabilidades y ella no cumple. Estamos hablando de ella como jefa de la Policía Nacional y como jefa de la Policía nadie me puede llorar”, dice Téllez. Y asegura que personalmente ha vivido “episodios en los que ha estado involucrada la Aminta Granera con absoluto conocimiento de causa”.

Uno de ellos, afirma, ocurrió durante los tranques de León, en el año 2008, cuando empezaban a verse señales de partidización de la Policía. Había sido convocada una marcha por la democracia y turbas salieron al encuentro de los participantes. “Nos quedamos entrampados en una casa, en medio de una pandilla del orteguismo. La pandilla comenzó a tirar piedras y estaba la Policía en el lugar, sin moverse. Enrique Sáenz (del Movimiento Renovador Sandinista, MRS) llamó a la Aminta Granera y le expuso lo que estaba pasando. Ella dijo ‘no sabía, hasta ahorita me están informando’. Minutos después pasaron de las pedradas a los hechos. Se lanzaron a atacar la casa, con la Policía desplegada. Quemaron el carro de Enrique Sáenz, me amenazaron con violarme, etcétera. Y la Aminta estaba perfectamente enterada. ¿Qué juego creés que está jugando?”

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Cuando Aminta asumió la dirección de la Policía Nacional se pensó que había llegado “a limpiar la casa”. Prometió mano dura contra los oficiales corruptos y todo mundo aplaudió esa política anticorrupción, recuerda Roberto Orozco. “Mostró mucha apertura, preocupación y receptividad cuando le llegábamos a plantear grandes problemas de violación de derechos humanos, ella personalmente se encargaba de atendernos”, señala Gonzalo Carrión, del Cenidh. “Era una persona que tenía simpatías muy grandes de la población y que se convirtió en un cuadro presidencial. Necesitaban quemarla. Y para mí que han hecho un enorme trabajo debilitando su figura, su autoridad y llevándola a extremos como los que hemos tenido que vivir”, apunta Mónica Baltodano. Pero aclara que eso no resta responsabilidades a Granera sobre lo que sucede en la Policía.

Según Baltodano, “en los primeros años ella (Aminta) intentó defender la institucionalidad de la Policía y su rol en la sociedad. Pero fue siendo presionada por el orteguismo, hasta colocarla en una situación que o renunciaba o se plegaba. En los rejuegos de poder, ella no resistió la tentación de quedarse al mando de la Policía aunque pasara por encima de sus propios criterios. Ya pasó a ser otra Aminta”. “En la medida en que se acercó más a Ortega, y en la medida en que la Policía fue actuando más de acuerdo a los intereses del partido del Gobierno, en esa misma medida se fue distanciando de nosotros (el Cenidh)”, agrega Carrión.

Sin embargo, lo cierto es que el principal bien que la Policía de Aminta Granera ha cuidado “no es ni siquiera la seguridad, sino su imagen, el prestigio”, considera Orozco. Para él, los sucesos de Las Jagüitas terminaron con “toda aspiración política de Aminta Granera”. “Contradictoriamente dio la cara y eso le generó costos políticos. Si no la hubiera dado habría sido peor. Pero el hecho de que llegara y se pusiera al frente, fue visto por muchos como una manipulación y en segundo lugar como una hipocresía de su parte”.

“Las Jagüitas terminó con la Aminta”, dice categóricamente. “Ya se le vino abajo tanto trabajo. No hay retorno. La única posibilidad que tiene es que renuncie ya y se podría salvar. Pero no quiere… O no la dejan”.

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Algunos “pecados” de la Policía

  • Masacre de El Carrizo. Noviembre, 2011. Policías, funcionarios electorales y militantes sandinistas matan a tres campesinos a balazos y hieren a otros dos.
  • Disparar a matar. Julio, 2012. Dos ciudadanos fallecen cuando un oficial les dispara “por conducir a exceso de velocidad” en una motocicleta.
  • #OcupaINSS. Junio, 2013. Turbas orteguistas, con la complicidad de la Alcaldía de Managua y oficiales de la Policía Nacional, asaltan un campamento de jóvenes que apoyaban a los ancianos que reclamaban una pensión reducida.
  • Talco y cocaína. Marzo, 2014. El Laboratorio de Criminalística encuentra que el polvo blanco ocupado a Milton González, hermano del boxeador Román González, es “talco”.
  • Caso Arcia. Abril , 2015. El empresario Milton Arcia es golpeado y arrastrado por policías que lo desalojan de su hotel, posteriormente demolido por órdenes del Gobierno.
  • “Suicidio” en El Chipote. Mayo, 2015. El joven Francisco Javier Ponce aparece ahorcado “con una camisa manga larga” en su celda.
  • Masacre de Las Jagüitas. Julio, 2015. Policías disparan “por error” contra el carro de una familia que volvía de la iglesia. Mueren dos niños y una joven.

Curiosidades sobre Granera

Así se ha descrito Aminta Granera en diversas entrevistas, concedidas a diferentes medios de comunicación a lo largo de su carrera policial. También hay información obtenida a través de fuentes cercanas y en la página web de la Policía Nacional.

  • Religión: Católica.
  • Idiomas: Español e inglés.
  • Carreras: Teología, Filosofía, Sociología.
  • Talento artístico: Toca el piano, el acordeón, el órgano y la guitarra. En algún momento también ha pintado, dibujado y escrito poesía.
  • Sueño: Tener tiempo para sembrar rosas amarillas, cuidar el jardín, leer, escribir y educar a sus nietos.
  • Comida favorita: La pasta.
  • Dieta: Es muy frugal para comer y apenas sube un par de libras se propone volver a su peso. Hace ejercicio, dice, porque todo el tiempo está subiendo y bajando las escaleras del edificio donde está su oficina, en un cuarto piso.
  • Sobriedad: No fuma ni bebe. Nunca se ha teñido el cabello ni piensa hacerlo, no usa maquillaje ni se pinta las uñas. No va a salones de belleza. Llegan a cortarle el pelo a su casa.
  • Hábito: Se acuesta muy temprano (9:00 de la noche es tarde) y se levanta al amanecer.
  • Vida social: Cero. “No tengo la más mínima vida social. Mi vida es la Policía y mi familia”, dijo en una entrevista concedida al Canal 15, en 2012.
  • Equipo de futbol favorito: Es gran fanática del club español Real Madrid. En Nicaragua apoya al Club Deportivo Walter Ferretti, de la Policía Nacional, y a veces asiste a sus partidos.
  • Pasatiempo: Ir al cine. Siempre aparece acompañada de cuatro o cinco escoltas. Prefiere las películas de acción y no le gustan las de tragedia. También baila “de todo”, pero no muy bien.
  • Algo que le gusta: Las mariposas. “Son las síntesis de la belleza y la libertad”.
  • Algo que no le gusta: Los tacones altos. Y las redes sociales no le llaman la atención.
  • Habilidades en la cocina: Ninguna. Ha reconocido que solo puede preparar huevos.
  • Comodidad: Para estar en su casa usa pantalones de lino blanco con blusas frescas y calza sandalias. Para ir a fiestas o encuentros familiares le gusta “vestirse bien” pero sin exagerar. “La elegancia está en la sencillez”.

“Tenés que tener un liderazgo que combine firmeza sin agredir, atrapar sin maltratar, tener amabilidad sin que eso suponga debilidad, ser reflexivo sin que la reflexión te haga lento, ser humilde sin que la humildad te haga tímido, y sentirte orgulloso del servicio que estás prestando a la población sin que ese orgullo te vuelva arrogante”.

Aminta Granera Sacasa,
directora de la Policía Nacional,
durante el programa “Ellas
lo dicen”, en 2012.

“Era una chica tímida, como penosa. Nada que ver con la mujer que se disfraza con chaleco antibalas en momentos clave, porque esa es otra cosa que yo no le conocí nunca: ese increíble manejo de imagen que tiene ahora”.

Roberto Cajina, asesor civil
en temas de Seguridad y
antiguo amigo de Aminta
Granera.

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Perfil, Reportaje