Fármacos y serendipias

Periscopio - 10.04.2017
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Existen célebres fármacos que se desarrollaron para un fin y terminaron popularizándose por otro completamente distinto. Grandes hallazgos accidentales. Es decir, serendipias. Estos son cinco casos destacados por el portal de información Open Mind.

Viagra. Fue concebida como un medicamento para tratar la hipertensión y no como tratamiento para la disfunción eréctil. A mediados de los 90, en Reino Unido, la farmacéutica Pfizer comenzó los ensayos clínicos para probar la eficacia del Sildenafilo contra la angina de pecho y la hipertensión pulmonar. Sin embargo, los resultados fueron decepcionantes y ya estaba el laboratorio a punto de abandonar los ensayos, cuando algunos voluntarios informaron sobre un inusual efecto secundario: habían “sufrido” un gran número de erecciones. En 1996, Pfizer decidió patentar el fármaco. La píldora logró facturar mil millones de dólares anuales en sus dos primeros años de comercialización.

Talidomida. La Talidomida fue comercializada por el laboratorio alemán Chemie Grünenthal entre 1957 y 1963 como sedante para calmar la ansiedad, el insomnio, las náuseas y los vómitos en mujeres embarazadas. Sin embargo, como efecto secundario causó graves deformaciones en las extremidades de los fetos de las mujeres que la consumieron. Se vendió en casi 50 países y se estima que afectó a alrededor de 10,000 niños.

Medio siglo después, se emplea para combatir varias enfermedades, como el cáncer y la lepra. En 1979 se empezó a usar para el tratamiento del síndrome de Behçet (enfermedad reumática crónica) y sus propiedades podrían ser útiles contra otros males.

Minoxidil (Rogaine). El Minoxidil es un vasodilatador que inicialmente se desarrolló como un tratamiento para la hipertensión, bajo el nombre de Loniten; sin embargo, durante las pruebas se descubrió que algunos pacientes presentaban un aumento del vello corporal, tanto en el cuero cabelludo como en otras zonas del cuerpo. Los investigadores de la compañía farmacéutica Upjohn Corporation tomaron este efecto secundario y crearon una loción que, aplicada directamente sobre el cuero cabelludo, lucharía contra la alopecia. En 1988 el Rogaine empezó a comercializarse por separado.

Finasterida (Propecia, Proscar). Aunque la Finasterida suele estar asociada a los tratamientos contra la calvicie, originalmente fue comercializada como medicina para la hiperplasia benigna de próstata, bajo el nombre de Proscar. En 1992 la agencia estadounidense de medicamentos aprobó su utilización para este propósito y no fue hasta seis años más tarde que el fármaco se reposicionó, con el nombre Propecia, como un tratamiento para la alopecia. Los investigadores descubrieron que una menor dosis de Finasterida (de los 5 habituales que hay en el Proscar a 1 miligramo) podía pasar de un uso médico a otro cosmético.

En ese momento no había muchos tratamientos orales, ya que la mayoría (como el Minoxidil) eran lociones y champús. Así que pronto se convirtió en el nuevo fármaco estrella y permitió a Merck, la compañía farmacéutica que fabricaba ambos medicamentos, rentabilizar su inversión en el Proscar.

Gemcitabina (Gemzar). Comenzó siendo un posible antiviral, un antibiótico relativamente común y se reorientó como tratamiento contra el cáncer. Este medicamento fue sintetizado en el laboratorio de la gran farmacéutica Eli Lilly a principios de 1980 y fue hasta una década más tarde que los ensayos clínicos mostraron que podía acabar con las células de leucemia in vitro. Gran Bretaña fue el primer país donde se empezó a comercializar, en 1995. En la actualidad se utiliza como agente quimioterápico para el tratamiento de distintos tipos de cáncer, incluyendo cáncer de pulmón, de páncreas, de vejiga y cáncer de mama. También se está investigando su utilidad para otros tumores, como el cáncer de esófago y los linfomas.

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