Ceceo y seseo

Periscopio - 09.01.2017
Español

Cuenta una de las tantas leyendas que los españoles empezaron a pronuncian la Z de tal forma para reproducir el ceceo que padecía algún rey o príncipe de turno hace varios siglos y que luego la practica se extendió.

“Aunque sea una leyenda simpática, no tiene ningún sustento”, aclaró a BBC Mundo el filólogo español Juan Sánchez Méndez, autor del libro “Historia de la lengua española en América”.

¿Porqué hablan así entonces? Y ¿porqué el resto de hispanohablantes no la pronunciamos así si aprendimos el castellano de ellos? Algunos se orientaron a la idea de que en Latinoamérica se habla diferente el español porque cambió con la influencia de las lenguas indígenas, pero esta teoría indigenista o “sustrática”, del lingüista alemán naturalizado chileno Rodolfo Lenz, perdió fuerza ante la evidencia científica.

La explicación más aceptada es que la pronunciación diferenciada de la Z y la C no se perdió en algún sitio misterioso rumbo a América, sino que nunca embarcó, explicó Sánchez Méndez, catedrático en la universidad de Neuchâtel, en Suiza, al hacer referencia a la colonización.

Para entonces ya había dos modos de hablar el castellano: uno hacia el norte de Castilla, que se impuso en Madrid, y otro en Sevilla, en el sur de España. En Sevilla, la Z y la C se pronunciaban de modo similar a la S y allí fue donde estuvo la principal cabecera de enlace con América, el Puerto de Indias.

“En toda América triunfó la manera sevillana de hablar español. Mientras que en la ortografía es la manera de Madrid, que es donde estaba la Corte, el rey, los nobles, y por tanto tenía mucho prestigio”, explicó el filólogo Sánchez Méndez.

La mayoría de los primeros colonizadores españoles que llegaron a América (1493 – 1539) provenían de Sevilla y otras partes de Andalucía, según estudios del historiador estadounidense Peter Boyd-Bowman.
Arturo Andújar Cobo, del grupo de investigación sociolingüística andaluza de la Universidad de Sevilla, contó a BBC Mundo que en esta ciudad pasaban temporadas quienes esperaban embarcar hacia América, por lo que adquirían el seseo antes de partir.

“En Andalucía concretamente la pronunciación de la zeta la consideran de menos prestigio social, porque esa pronunciación se la atribuyen a los moriscos y entonces se asocia a una clase social baja”, dijo Andujar Cobo.

Pero se habla también de una razón de practicidad: unificar fonemas simplificaba las cosas tanto para los colonos que implantaban el español, como para los indígenas que lo aprendían. “Es más cómodo, más sonoro, más agradable la pronunciación del seseo que la del ceceo”, sostiene Andújar Cobo. Así que al final la influencia indígena en el modo de hablar de los latinoamericanos no puede descartarse del todo.

En el siglo XIX en América hubo algunos intentos por distinguir la pronunciación de la S, la C y la Z, bajo el argumento de que contribuiría a escribir con menos faltas de ortografía, pero evidentemente no progresaron.

Para los lingüistas el fenómeno sevillano y el de de la practicidad podrían ser la respuesta, pero nadie ha dicho la última palabra. Lo único cierto, según la lingüista Guiomar Ciapuscio, directora alterna del Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas de la Universidad de Buenos Aires, es que no existe una forma correcta o incorrecta de pronunciar la Z o la C. “Nuestra norma culta aquí en América es pronunciar la Z y la C como S”, explica la lingüista.

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