¡Qué miedo!

Periscopio - 12.02.2017
miedo

Esa sensación de angustia o temor provocada por la presencia de un peligro real o imaginario que percibe nuestro cerebro es capaz de dominar nuestro cuerpo en cuestión de segundos. Aunque parte del mismo principio básico de sentirse amenazado ante algo o algún evento, el ser humano es el único en el reino animal cuyo cerebro es capaz de distorsionar la realidad ante el miedo. Aquí algunas curiosidades sobre este fenómeno:

Democrático
Investigadores del Centro Nacional de Ciencias Biológicas de Bangalore (India) descubrieron, tras un experimento con ratas, que el hecho de que tengamos miedo o no es cuestión de una “votación democrática” entre las neuronas de nuestro cerebro. Según los autores del estudio, en la amígdala del cerebro que procesa el miedo hay una minoría de neuronas temerosas que cualquier señal del entorno les lleva a transmitir una señal de pánico, pero que esto no afecta al comportamiento posterior si las demás neuronas que son mayoría no se activan. Debe haber una mayoría para que el miedo se active. Ante una gran amenaza las neuronas responden de forma generalizada y alarmante como instinto de protección, según el trabajo publicado en la revista Nature Neuroscience.

Corporal
El miedo origina fuertes cambios fisiológicos. Esta emoción se refleja en el sistema límbico, que se encarga de regular las conductas relacionadas con la huida, la lucha y la conservación. Cuando se activa la amígdala desencadena varios procesos físicos: se acelera el ritmo del metabolismo, aumenta la presión arterial, incrementa la adrenalina, sube el nivel de glucosa en la sangre, se intensifica la tensión muscular, se dilata la pupila y se detienen las funciones no esenciales del organismo. Todo esto en un lapso de tres a cinco segundos.

Se aprende
El psicólogo conductista James Watson y Rosalie Rayner, de la Universidad Johns Hopkins, llevaron a cabo un experimento en 1920. Dejaron que un niño de 11 meses jugara con una rata de laboratorio, ante la que no mostraba ningún temor. Después, cada vez que aparecía la rata, los investigadores hacían un fuerte ruido que asustaba al niño. Al final, el niño empezó a temer a la rata con la que antes se divertía. Casi un siglo después una investigación publicada en Science explicó cómo el cerebro es capaz de ligar el recuerdo de dos experiencias (oír un ruido y jugar con una rata), para que posteriormente se despierte una sensación de temor persistente y difícil de eliminar. La clave está en dos circuitos del cerebro implicados en la memoria que colaboran para unir recuerdos de sucesos que han ocurrido muy próximos en el tiempo.

Vital
El miedo es también un mecanismo de supervivencia. Ante el miedo nos protegemos del peligro. Pero dominarlo es fundamental. “Puede bloquear. Haces un efecto túnel que consiste en ver solo las amenazas sin buscar soluciones. Todo esto lo aprendí en la naturaleza”, dijo Carlos Vico, experto en supervivencia, en una entrevista a ABC. Él estuvo a punto de morir en Groenlandia después de que una placa de hielo se rompiera bajo sus pies. Logró resistir 14 horas empapado en un entorno helado antes que le rescataran.

Transforma
Un estudio realizado por Current Biology explica que las emociones tienen el efecto de modificar la percepción, mientras más intensas la distorsión puede ser muy alta. Cuando alguien está en presencia de un objeto al que le teme, tiende a verlo más grande y próximo de lo que realmente está.

Control
Peter Samdam, investigador de la Universidad de Princeton, habla del “principio de control”. Según explicó, las personas experimentan un mayor grado de miedo frente a las situaciones sobre las que tienen menos control, aunque no sean realmente peligrosas. Ejemplo de ello sería el miedo a viajar en avión. Las estadísticas indican que hay mayor riesgo de morir en un accidente de tránsito que en pleno vuelo, pero las personas se sienten confiadas en las carreteras porque mantienen el control directo sobre el automóvil.

Placentero
En 2014 un grupo de neurocientíficos logró mutar en ratas la sensación de temor por sensaciones placenteras, pulsando luz en las áreas cerebrales asociadas al placer mientras los roedores eran expuestos a una amenaza. Sin exponerse a estos experimentos, los seres humanos pueden disfrutar de la sensación que provoca el miedo. Las películas de terror generan en algunas personas una excitación fisiológica que magnifica las sensaciones placenteras.

Extremo
Las fobias son el miedo extremo y paralizante a ciertas cosas. Se pueden convertir en un trastorno de salud psicológico que desencadena ataques de pánico desproporcionado ante objetos o situaciones concretas. Hay más de 400 fobias reconocidas que van desde las más comunes como el miedo a los payasos (coulrofobia), la claustrofobia (miedo a los espacios cerrados) o la aracnofobia (temor a las arañas), hasta las más extrañas como la tripofobia (miedo a los agujeros), xantofobia (terror al color amarillo) y la somnifobia (miedo a dormir, asociado a la muerte).

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