De vacas y vacunas

Periscopio - 14.08.2017
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La viruela fue uno de los grandes flagelos de la humanidad hasta el siglo XX, apunta un artículo de BBC Mundo.
La primera evidencia física de la viruela, según reseñas históricas, son los rastros de la erupción de pústulas (huecos con pus) en el cuerpo momificado del faraón Ramsés V de Egipto, que murió en 1157 a.C. Con el comercio la enfermedad salió de Egipto a la India y de allí arrasó en China en el siglo I d.C. Las migraciones cruzadas la extendieron por Europa y los españoles trajeron el virus aniquilador a América donde también arrasó poblaciones indígenas.

En China la trataron con variolización: darle una dosis del virus a una persona sana con la esperanza de que enfermara levemente y quedara inmune. Otros ponían ropa de enfermos a sanos, para que se llenaran de pus, la introducían con una incisión o soplaban por la nariz pedazos de las costras de las pústulas. La variolización funcionó parcialmente, pero si la pus era de una pístula joven la persona enfermaba gravemente, moría y el contagio era peor.

En 1768 el entonces médico practicante Edward Jenner atendió a una joven campesina quien lo consultó por unos granos en la piel. “Sé que no es viruela pues ya me dio viruela bovina”, le diría la joven que se dedicaba a ordeñar vacas. Nadie moría de viruela bovina. Jenner recordó que en la región de Inglaterra de la que él venía también se decía que quienes contraían viruela bovina quedaban inmunes a la viruela.

Para 1775, el médico inglés empezó un estudio sobre la relación entre la viruela bovina y la de humanos. Después de experimentar con animales descubrió que si tomaba un extracto de una llaga de viruela bovina y se la inyectaba a un ser humano, esa persona quedaba protegida contra la viruela.

En 1796 inoculó a su primer paciente humano, un niño de 8 años, con materia tomada de la mano de una ordeñadora a quien su vaca había contagiado de viruela bovina. El niño contrajo la viruela bovina, y días después lo inoculó con gérmenes de viruela humana. El niño no se enfermó de la versión humana de viruela.
Un año después presentó el estudio ante la Royal Society y aún con casos como ejemplo, para los científicos sus ideas eran demasiado revolucionarias y le pidieron más pruebas.

Jenner experimentó con varios otros niños, incluyendo su propio hijo de 11 meses. No dudaba de la efectividad de su método. En 1798 publicó su investigación en la que acuñó el término “vacuna”, del latín vacca (vaca).
Harían falta muchos años, investigaciones y romper prejuicios religiosos para que sus ideas fueran aceptadas, por considerar “repugnante” inocular a humanos con material de animales enfermos.

Sin embargo las ventajas obvias de la vacunación y la protección que proveía ganó la partida y la práctica se generalizó. Con el uso de su vacuna Edward Jenner se volvió muy famoso, recibía regalos de la realeza y el parlamento británico le pagó en gratitud a su descubrimiento. Él continuó trabajando como médico rural y en sus últimos años vacunaba gratis hasta más de cien personas.
Murió en 1823 considerado todo un héroe. Y aunque la viruela sobrevivió, perdió su efecto aniquilador. Su principio sobre vacunas fue mejorado, pero sigue vigente. En 1980 la Organización Mundial de la Salud declaró que el mundo estaba libre de viruela. Fue un triunfo póstumo de Jenner donde también cabe un reconocimiento a las vacas.

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