Gorditos y especiales

Periscopio - 12.03.2017
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Menospreciados y hasta ignorados, hay pequeñas partes del cuerpo que tienen asombrosas características y cumplen funciones tan curiosas como especiales. Ejemplo de ello son los dedos gordos de los pies.

Sí, ese que usted solo nota cuando lo aprieta un zapato, cuando lo pisan o cuando hay un molesto uñero. Pero, fíjese bien, cuando usted da un paso planta el talón y va distribuyendo el peso a lo largo de la planta del pie, pero al final, por segundos es su dedo gordo el que sostiene todo el peso del cuerpo para impulsarlo en un nuevo paso.

Pero además de eso, los dedos gordos de los pies están llenos de nociceptores, terminaciones nerviosas libres que emiten señales que viajan de los receptores a la médula espinal o el cerebro. Los nociceptores son sumamente sensibles y disparan un reflejo que al ser procesado por el cerebro genera una sensación de dolor.

Y eso no es todo. El área del sistema somatosensorial en el cerebro, que recibe información de los pies, es adyacente a la que recibe los mensajes de los órganos genitales. Algunos encuentran en esto la explicación al fetichismo con los pies o podofilia.

Si aún le parece poco, científicos de la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo, Sudáfrica, encontraron otra excelente razón que vuelve dignos de respeto a los dedos gordos de sus pies.

En un estudio de 2015 explican que en otros primates la función del dedo gordo del pie es más parecida a la del pulgar humano, agarrar cosas. Pero el dedo gordo del pie de los humanos tiene una adaptación única para poder caminar y correr erguidos.

Aunque, explican, la pérdida de los dos dedos gordos de los pies no impide que caminemos, corramos o bailemos, es cuestión de adaptarse a este cambio.

Su importancia ha sido tal y bien conocida en el pasado que incluso hay descubrimientos de prótesis de dedo gordo del pie.

Científicos de la Universidad de Salford analizaron y experimentaron un artefacto, hecho entre 1295 y 664 antes de nuestra era, que es de papel maché hecho de lino, goma y yeso.

Este dedo rústico tiene señas de desgaste, lo que sugiere que su propietario lo usó y no fue añadido a un pie durante el proceso de momificación por razones religiosas o rituales, pero carece de algún mecanismo para doblarse, lo que indica que era una prótesis cosmética. La pieza está en exhibición en el Museo Británico.

Al pie de una momia egipcia un equipo del Centro de Egiptología Biomédica KNH, de la Universidad de Manchester, encontró lo que sería una prótesis funcional de este tipo.

La directora de la investigación, Jacky Finch, expuso que el dedo postizo data de entre 1069 y 664 antes de nuestra era “y si podemos probar que era funcional, la historia de la Medicina Prostética retrocederá unos 700 años”.

El llamado “dedo del Cairo” está hecho de madera y cuero y no solo parece real, sino que además ayudaba a su propietario a caminar. Es una pieza articulada y muestra claras señas de desgaste por uso.

El dedo todavía está sujeto al pie de la momia de una mujer de entre 50 y 60 años, según datos del equipo. “El punto de amputación cicatrizó”, asegura Finch. El “dedo del Cairo” se exhibe en el museo de El Cairo en Egipto. El siguiente paso, literal, sería probar una réplica de esa prótesis en voluntarios que hayan perdido el dedo gordo del pie derecho.

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