Hueso en el pene

Periscopio - 07.06.2017
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El pene humano no tiene huesos, pero el de nuestros parientes evolutivos cercanos sí. ¿Por qué?

Los chimpancés y bonobos (y un tipo de macaco) tienen un pequeño hueso en la punta de sus penes. En algunos puede medir cinco centímetros y en otros apenas el tamaño de una uña humana, pero todos tienen su báculo, como se le conoce a esta estructura ósea.

Se creía que ese huesito ayudaba a estimular a la hembra para que liberara óvulos al momento de la cópula y este macho la fecundara, otros lo veían como un calzador de zapatos que ayudaba en la penetración.

Pero un reciente estudio, realizado por la antropóloga biológica, Matilda Brindle y Kit Opie como co-autor, de la University College London, demuestra que se trata de una cuestión de tiempo. El báculo permite prolongar el tiempo de penetración vaginal.

“La intromisión prolongada es una forma que el macho tiene para evitar que la hembra se escape y copule con otro antes de que su esperma tenga tiempo de hacer la magia”, explicó la especialista en morfología y comportamiento sexual en primates en el resumen de su investigación, compartido en revistas internacionales de ciencia.

Las penetraciones de mayor tiempo ocurren en especies con prácticas polígamas, donde múltiples machos se aparean con múltiples hembras y compiten por la fertilización. A mayor báculo, mayor tiempo de copulación. En estos casos les ha servido para tener cópulas de más de tres minutos y poder inseminar.

Las hembras por su parte han sacado ventaja de la práctica porque al nacer sus crías, los machos que eyacularon en ella tienden a creer que son sus crías y no los matan.

Nuestros ancestros debieron tenerlo, pero lo perdieron en el proceso evolutivo. Los hombres no tienen báculo, básicamente, porque ya no los necesitan, además no estamos en la categoría de especies de copulación prolongada.

Según los expertos, los humanos perdieron su hueso cuando la monogamia se convirtió en la estrategia reproductiva dominante hace 1.9 millones de años, en tiempos del Homo erectus.

El sistema de apareamiento cambió a relaciones monógamas y el hombre no necesitaba pasar tanto tiempo dentro de la vagina de la mujer para garantizar su descendencia. El tiempo de la cópula se redujo a dos o tres minutos y su báculo desapareció.

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