La casualidad del microondas

Periscopio - 06.04.2018
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La creación del microondas fue una casualidad. La historia de este aparato, ahora tan cotidiano, se remonta al año 1945 cuando el ingeniero estadounidense Percy Spencer estaba investigando posibles formas de mejorar el funcionamiento del radar en la empresa Raytheon.

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Ahí Spencer trabajaba rodeado de magnetrones, unos dispositivos que transforman la energía eléctrica en microondas electromagnéticas que el radar utiliza para medir, entre otras cosas, distancias, altitudes, direcciones y velocidades. Un día el inventor se dio cuenta de que la barrita de chocolate que llevaba en el bolsillo se estaba derritiendo mientras se encontraba delante de un magnetrón. Y eso le pareció fascinante.

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Entre otras pruebas, Spencer colocó una sartén con un huevo y un recipiente de palomitas de maíz cerca del generador. Después de un rato el huevo estaba perfectamente cocinado y las palomitas habían reventado y estaban listas para comer.

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Había descubierto que la exposición a microondas electromagnéticas de baja intensidad calienta los alimentos, señala la revista Quo. A raíz de estas observaciones Spencer diseñó una caja metálica para potenciar el efecto. A través de una abertura introdujo energía de microondas de su magnetrón. La energía creaba un campo electromagnético de mayor densidad dentro de la caja, así los alimentos se calentaban con mayor rapidez.

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El desarrollo del primer horno microondas recibió la patente 2,495,429 en los Estados Unidos y comenzó a comercializarse en 1947. La empresa Raytheon, para la que trabajaba Spencer, hizo un aparato para la cocción que se llamaba Radarange, pero era muy grande y pesado, solo se usaba en hospitales y comedores militares.

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