Las barbas de los conquistadores

Periscopio - 08.11.2016
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No se conoce cómo era realmente el rostro de Francisco Hernández de Córdoba, conquistador y colonizador de Nicaragua; “lo único que podemos asegurar con cierta seguridad es que usaba barba, como era la costumbre en ese entonces”, señala Jaime Incer Barquero, científico nicaragüense, en su libro Nicaragua: un anecdotario de memorias y vivencias.

En las tropas españolas eran muy comunes los soldados barbados. Para muestra están los retratos de los famosos conquistadores Hernán Cortés y Francisco Pizarro. Y esas barbas que los lampiños indígenas del nuevo mundo nunca habían visto, los aterrorizaban. Tanto que el capitán y explorador español Gil González ordenó a los soldados “más bisoños se cortasen el cabello para suspenderlo como barba y así infundir mayor temor entre los indios en caso de guerra”. Lo cuenta el escribano Andrés de Cereceda, quien participó en la primera expedición conquistadora a Nicaragua.

“Todos los bárbaros de aquellas naciones son imberbes y tienen horror y miedo a los barbudos”, escribió por su parte el cronista Pedro Mártir de Anglería. En efecto, dice Incer, “de aquella tropa de extraños recién llegados, lo que más llamaba la atención a los indios era la poblada barba y que montaban unas temibles alimañas que llamaban caballos”.

Las barbas de los invasores no solo eran novedad para los indios que poblaban la región del Pacífico; también para los que vivían en lo profundo de las selvas en el interior del país.

A juicio de Incer Barquero, “el avance de los conquistadores en América, a como lo indica una poesía de José Santos Chocano, fue posible en gran parte por el temor supersticioso que infundieron entre los indios las babas de los caballos piafantes y las barbas de sus arrogantes jinetes”.

Tanto incidieron las barbas de los españoles que uno de los ríos que pasa por Muy Muy fue bautizado como Campasagua, toponimia que deriva de Kungbas-a-was, que en lenguaje sumu significa: kungbas (barba) y was (río). Es decir, “el río hasta donde llegan los barbudos”.

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