Miel eterna

Periscopio - 14.08.2017
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Después de los dátiles, la miel es la segunda cosa más dulce de la naturaleza para consumo humano. Pero además de su delicioso sabor, su bajo porcentaje de calorías y las docenas de usos que le hemos dado a través de la historia y en diferentes culturas, como máscara de belleza, cicatrizante y cebo para trampas, la miel tiene una característica que la vuelve casi mágica. Es de los pocos alimentos que sobrevive al paso del tiempo sin intervención de sustancias externas.

Según la recopilación de BBC Mundo las papas disecadas de los incas son otro ejemplo, pero a diferencia de la miel, las papas fueron procesadas. En antiguas tumbas de la Edad Media era común encontrar sal y arroz seco, como una práctica para enviar al difunto con provisiones, que según investigadores podrían ser aptas para preparar un exótico platillo en la actualidad.

Pero la miel es la única que no necesita ningún tipo de preparación incluso cuando puede pasar décadas guardada. Si encontrara un frasco con miel en una tumba milenaria, bien podría meter el dedo y saborearla tan dulce y deliciosa como siempre.

¿Por qué?
La miel es un azúcar y los azúcares son higroscópicos, lo que significa que contienen muy poca agua, pero pueden absorber humedad si están expuestos a ella. Para que una materia se corrompa tiene que haber microorganismos o bacterias que aniden en él y lo descompongan, pero existen muy pocos y raros microorganismos capaces de habitar un ambiente así.

Además, la miel es extremadamente ácida. Sí, ácida. Su pH está entre 3 y 4, 5 (7 es neutro) y ese grado de acidez mata a cualquier ser que quiera anidar en ella.

Hecha por abejas, la miel lleva algo muy especial de ellas. Cuando las abejas hacen miel, empiezan con el néctar que recolectaron en las flores y regurgitan en el panal. Al hacerlo, la mezcla lleva una enzima que tienen en sus estómagos llamada glucosa oxidasa.
El néctar se descompone en ácido glucónico y peróxido de hidrógeno. Sí, también lo conocemos como agua oxigenada, eso que a veces se aplica en heridas y las hace burbujear. Se trata de un antiséptico natural que protege a la miel de cosas que quieran crecer en ella.

Entonces no es mágica, pero sí excesivamente dulce y ácida a la vez, antiséptica por si fuera poco. Ser mala anfitriona para los microorganismos la volvió una delicia eterna.

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