Nuestras tortugas

Periscopio - 09.10.2017
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Desde hace millones de años las tortugas marinas hembra visitan las cálidas playas del Pacífico para depositar sus huevos. Un fenómeno que ocurre de preferencia en invierno, dice el científico nicaragüense Jaime Incer Barquero en su libro Nicaragua, un anecdotario de memorias y vivencias.

A lo largo de las costas tropicales del Pacífico oriental solo hay cinco playas donde se produce el desove masivo de la tortuga lora o paslama: dos de ellas en Nicaragua (La Flor y Chacocente), dos en Costa Rica y una en México. A esta llegada de miles y miles de tortugas se le conoce como “flota” o “arribada”. Y el fenómeno parece “estar ligado a las fases de la luna, al impulso de la pleamar (fin del movimiento creciente de la marea, cuando el agua alcanza su nivel más alto) y a cierto ‘sabor u olor’ atractivo que para estos reptiles parecen tener dichas playas”, detalla Incer Barquero en su texto.

El ciclo de vida de una tortuga marina es “un tanto misterioso” entre el momento en que el tortuguillo deja el nido en la playa y alcanza la orilla del mar hasta los 15 años, cuando regresa exactamente a la misma playa donde nació para depositar su primera camada de huevos. Repetirá el proceso anualmente o año de por medio por el resto de su vida, que puede llegar a durar más de cien años, con un poco de suerte.

Machos y hembras convergen en la misma playa original, desde varios puntos distantes. “La hembra avanza sigilosamente por la arena para excavar el nido, depositar entre 80 y 120 huevos, para aterrarlo y volver confiada al mar”, explica Incer Barquero. “Entre tumbos los machos esperan a las hembras vaciadas para montarlas y cargarlas para la próxima estación. Si no lo hacen en ese momento y lugar, la posibilidad de que la pareja se vuelva a encontrar en el ancho océano es casi nula”. De todos los tortuguillos que nacen de cada camada, solo uno o dos lograrán convertirse en adultos.

El instinto genético de orientación de las tortugas es tan exacto que si huevos depositados en una playa nicaragüense son trasplantados a playas salvadoreñas, por ejemplo, las tortugas que nazcan en El Salvador, una vez adultas, buscarán exactamente la playa nicaragüense donde fueron incubadas. No importa si vagaron antes por las islas Galápagos o por Acapulco, siempre volverán. Luego la hembra encontrará “sin equivocación el lugar usual para desovar dentro de un espacio no mayor de cien metros del sitio que escogió el año anterior para realizar su rito reproductivo”, apunta.

Esa es la razón, dice el científico, por la cual las playas de Chacocente y La Flor han sido declaradas refugios naturales. Había que garantizar al menos esos dos sitios. Se lo debíamos a las tortugas.

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