Pelucas de amor

Fabian Medina

Geovana Gutiérrez es una muchachita risueña. Tiene 15 años y un pequeño tumor canceroso en el cerebro. La quimioterapia acabó con su pelo. Pero igual se ve linda paseándose por su barrio, con su cabeza pelona o con una peluca especial que construyeron para ella.

En Nicaragua, unos 300 niños son diagnosticados con cáncer cada año. No es difícil imaginar las consecuencias en una familia donde a un miembro le diagnostican cáncer. Más cuando es un niño. Es una enfermedad costosa. Se calcula que un niño con cáncer necesita unos 5,000 dólares al año para su tratamiento.

A los pocos días de la quimioterapia, generalmente, comienza la caída vertiginosa del cabello. El impacto, principalmente en adolescentes como Geovana, suele ser fuerte. Hay casos en que se encierran y no quieren salir sin su pelo. También hay otros en que las que salen, como Geovana, se exponen a la burla de algunos patanes, que siempre se encuentran por ahí.

Aunque Geovana dice que a ella no le importa andar pelona, y a veces “hasta es mejor por el calor”, si reconoce que la peluca “es bonito poder tenerla y usarla cuando quiero sentirme mejor”.

En esta edición, Magazine siguió paso a paso el proceso de elaboración de pelucas para niños con cáncer, que se realiza a través de Conanca, la Comisión Nicaragüense de Ayuda al Niño con Cáncer. Comenzamos desde cuando alguien por amor y solidaridad, decide cortarse su largo cabello para donarlo, hasta el proceso de recolecta, elaboración y finalmente: Geovana, luciendo coqueta su cabellera.

Es que al cáncer no solo se le combate con quimioterapia o radioterapia. Ni solo con médicos y hospitales. Se ha comprobado que sentirse bien ayuda a combatir la enfermedad, y por lo tanto estas pelucas de amor, no son menos importantes que el tratamiento médico, tal como veremos en el reportaje que ahora les ofrecemos.