Salude sin miedo

Periscopio - 13.12.2016
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Dar la mano, un beso o tres o solo hacer una silenciosa reverencia. Si está pensando en irse de viaje o si los negocios lo llevan hasta el otro lado del mundo hay algo que debe saber: saludar.

En la cultura japonesa el popular apretón de manos es mal visto como un saludo, es más una intromisión si usted es un desconocido, lo adecuado en ese caso sería inclinar suavemente la cabeza en señal de respeto y sonreír un poco como un gesto de agrado.

Aquí sería natural dar la mano, juntar los cachetes y hacer el sonido de un beso, pero en Río de Janeiro la costumbre local es de tres besos en la mejilla y al llegar a Sao Paulo la práctica se reduce a uno solo. Los argentinos se saludan de beso solo si son amigos de amigos. En la cultura árabe dos besos al aire son obligatorios, pero solo entre personas del mismo sexo.

En Francia podría requerir de un mapa: en Nantes son cuatro besos alternados en las mejillas, dos en Toulouse y uno solo en Brest. Los labios jamás deben tocar la mejilla, pero el beso debe sonar.

En Rusia el apretón de manos puede sentirse casi como una prueba de fuerza, debe darse firme. Según algunos portales de Historia este gesto puede haberse generalizado como saludo en la Edad Media, cuando dos grupos se encontraban y en son de paz se daban las manos como prueba de no estar armados.

Si se encuentras frente a un grupo de nativos maoríes en Nueva Zelanda querrá resguardarse del saludo tradicional con la nariz, que incluye tocar la nariz y la frente.

En Asia es mal visto besar o tocar a extraños. En Tailandia el saludo con una reverencia incluye juntar las palmas de las manos, como en Camboya e Indonesia. En la India los hombres pueden darse un apretón de manos, pero entre sexos opuestos solo es permitida la reverencia.

Si llega hasta Nueva Zelanda el saludo tribal que debe conocer es el hogui, ese tierno gesto de juntar la punta de las narices y las frentes. Muy diferente al curioso gesto de la tradición tibetana: sacar la lengua. Se cree el origen de este simpático saludo era mostrar que el recién conocido no era la reencarnación de un temido rey de lengua negra.

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