Subasta ganadera: la feria de la carne

Reportaje - 10.03.2018
Subasta Ganadera

La compra y venta ganadera es una feria donde la rapidez lo es todo. De alguna manera deben subastarse cerca
de un millar de animales en unas cuantas horas y nada puede fallar

Por Amalia del Cid

Este podría ser un día cualquiera, pero no lo es. Es viernes, día de subasta, y Mario Barillas está subido en el palco de Corrales Verdes. Desde ahí puede ver cada rincón del gran auditorio y también el redondel donde da vueltas, desorientada, la primera vaca de la jornada, con el número “1” marcado con fierro sobre el lomo plomizo

Una vez que comience la subasta, a las 11:00 de la mañana, en los parlantes dejarán de sonar las rancheras de Vicente Fernández y Mario no parará de hablar durante tres horas en las que tendrá que vender un promedio de dos animales por minuto. Vacas, terneros, toros, novillos, vaquillas, toretes, caballos… Hasta ser relevado por Rafael Ortiz, su compañero subastador. Al final del día, entre los dos habrán dirigido no menos de novecientas pujas y se habrán tomado unas ocho botellas de agua al tiempo, para mantener clara la voz y fresca la garganta.

Esta es una de las tres grandes subastas ganaderas de Nicaragua. El lugar al que llegan a buscar ganado los mataderos y matadores que abastecen de carne al país. Y los repastadores que adquieren animales jóvenes para engordarlos y luego venderlos a mejor precio.
Es temporada seca y se supone que hoy no debería haber tanta actividad, pues los ganaderos saben que cuando el pasto escasea las vacas están flacas y no es el mejor momento para venderlas ni para comprarlas, porque su precio se paga en kilos y porque cuesta más conseguir comida para mantenerlas en un buen peso.

Sin embargo, el auditorio está lleno de compradores y vendedores, caras nuevas y viejos conocidos. Mario pasea la mirada sobre el público, luego echa un vistazo a la vaca en el redondel e inicia la primera puja.

—¡35 córdobas por la vaquita! —sugiere el subastador.

La vaca “1” es pequeña y algo delgada y 35 córdobas por kilo es un precio razonable.

El subastador sigue desgranando números y por encima de su voz de locutor, se alzan los mugidos del ganado que en este mismo momento es marcado, contabilizado y arreado para esperar su turno en los corrales.

Rafael Ortiz y Mario Barillas deben cumplir un promedio de 100 ventas por hora. Es decir, casi dos por minuto. Ser subastador implica máxima concentración para captar la más mínima seña de los compradores y vendedores. FOTO/ Oscar Navarrete

 

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