A la búsqueda de ballenas

Reportaje - 16.08.2017
La-industria-turística

Un grupo de pescadores artesanales de San Juan del Sur ha dejado descansar sus anzuelos y trasmallos para organizar visitas que permitan a los turistas avistar las ballenas y delfines que cruzan por esas aguas

Amalia Morales
Fotos de Uriel Molina/Fabio Buitrago/Agencias

Pelícanos, gaviotas y lanchas habitan la bahía de San Juan del Sur en las primeras horas de un domingo. Los bares, propietarios del bullicio nocturno, han amanecido en silencio, con resaca. Uno que otro punto negro se distingue entre las aguas de esa media luna verde-diamante y salada que forma la bahía más visitada del país. Son las cabezas de algunos que se bañan antes que los rayos ultravioleta del sol les cocinen la piel. El cielo es brillante y despejado. En un extremo de la herradura de agua, en el muelle que construyeron los japoneses hace tres años, se alista para zarpar una lancha con 18 personas. Viajan con la promesa de avistar ballenas jorobadas, que en esta época abandonan las corrientes frías del norte y sur del continente, y pasan por las costas de Centroamérica, en busca de aguas cálidas.

La tripulación de esta lancha es variopinta. Hay nacionales y extranjeros en el grupo. Desde españoles cooperantes que trabajan en Estelí, y llegan a San Juan un día antes, luego de viajar seis horas en bus, hasta estadounidenses y nicas que madrugan el mismo día para estar a tiempo en el atracadero. Para salir a la hora pactada con la gente del Comité Ballena Azul, organizadores de la gira.

Los hermanos David y Prudencio Mora, y Jacobo Sánchez, tres viejos lobos marinos de ésos que dan la impresión de haber pasado más tiempo en el agua que en tierra firme, son los conductores de esta lancha de lO metros de eslora, que es casi tan larga como un ballenato joven. Está techada, así que no habrá insolación.

Desde el comienzo, la mirada del grupo la acapara el agua. Primero, porque hipnotiza ese verde líquido, a veces transparente, en el que aterrizan pelícanos hambrientos. Y luego, porque Yanina Luna, la voluntaria del Comité Ballena Azul, recomienda prestar atención a cualquier chorro de agua que brote en el agua y a cualquier bandada de aves marinas que tengan un sobrevuelo bajo, a ras del agua, que es cuando compiten por la comida de las ballenas. No obstante, Yanina, ha dejado claro que también es posible no encontrarlas, y que volver varias veces hasta verlas, hace parte de los gajes del avistamiento. Al final, la naturaleza es caprichosa.

Toda la tripulación voltea cuando se oye el aleteo de un pelícano que sobrevuela unos segundos alrededor de la lancha y luego se estaciona en el agua como si fuera un pato.

 

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