Abuelas a los 30

Reportaje - 08.05.2016
Abuelas a los 30 años

Fueron madres adolescentes, el ciclo se repitió y ahora sus hijas también lo son. Así llevan su vida de abuelas prematuras y estas son sus historias

Por Amalia del Cid

Hay varias formas de imaginar a una abuela: de blanco moño, sentada en su mecedora mientras borda una almohada o teje un calcetín. Ancianita y parsimoniosa, olorosa a hierbabuena, eucalipto y manzanilla. Quejumbrosa y enfermiza, con la cabeza envuelta en un pañuelo antimigrañas. O bien… con tacones altos, vestidos ajustados y agenda llenísima, corriendo de aquí para allá, criando hija y nieto, viviendo la vorágine de la década de sus treinta años.

Esta última clase de abuela parece ser una especie extraña. No lo es. Las estadísticas de 2014, que hasta hoy son las más recientes, colocaron a Nicaragua en el primer puesto de maternidad precoz, por encima de todos los países de América Latina. Y los embarazos adolescentes no ocurren una sola vez en cada familia, suelen replicarse de generación en generación; de modo que abundan casos como el de Francis Ponce, quien debutó como abuela hace siete meses, a los 32 años de edad, repitiendo así la historia de su madre, Judith Morales, abuela a los 33 y bisabuela a los 51.

Aunque su nombre es Francisca, prefiere que la llamen Francis, le va más a su juventud. Nadie le cree que ya es abuela y la verdad es que al inicio tampoco ella se lo creía, pero la psicóloga que atiende a su nieto le ha ayudado a terminar de asumirlo. “¿Cómo querés que te llame el niño, ‘abuela’ o ‘mamita’?”, le preguntó hace un tiempo. “Que me diga ‘mamita’”, contestó ella de inmediato. “Un momento, no querrás jugar el papel que no te corresponde”. “Aaaala, pero es que soy joven”. “Francis, sos su abuela”. “Bueno, soy su abuela pues”.

 

 

 

 

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