Abuelas montatoros

Reportaje - 14.01.2007
Ana Gil

Si hoy es raro encontrar a una mujer montatoros, imagínese cómo fue hace 50 años cuando dos nandaimeñas escandalizaron a la sociedad al ponerse pantalones y subirse en los bravos animales. Ya abuelas, nos cuentan su historia

Dora Luz Romero Mejía
Fotos de Orlando Valenzuela

Hace más de 50 años, en aquel pequeño pueblo de calles adoquinadas, Nandaime, dos mujeres hicieron historia. Rompieron los esquemas de una sociedad machista y se atrevieron a montar toros, algo  que solamente hacían los hombres. No les importó las fuertes críticas del pueblo, tampoco la opinión de sus familiares.

Entre tragos de ron, barreras polvosas, hombres corpulentos y sudorosos se desarrolló una etapa de la
vida de estas mujeres que ahora son ancianas. En el pueblo dicen que son tan conocidas como la moneda de un córdoba. Ana Gil, de 72 años y Filomena Mena, de la misma edad, recuerdan con ojos llenos de melancolía y sus rostros marcados de arrugas, la época en que aseguran haber sido más felices: cuando montaban. Fueron compañeras de antaño, pero siempre existió una rivalidad. Ambas se proclaman la mejor montadora de Nandaime.

***

Por su mente, jamás había pasado la idea que montaría un toro. Esa tarde, Filomena Mena, de 18 años en aquel entonces, iba para el centro de Nandaime, venía del ingenio de la misma ciudad, sitio donde trabajaba. Han pasado ya 53 años y Mena recuerda cada palabra, cada gesto, con lujo de detalles. Un compañero de trabajo le dijo:

—Filomena ¿me podés traer una mudada que dejé olvidada en la casa de la Mirul?

—Yo no le hago favores a nadie — contestó ella. Aunque en ese instante pensó: “Con esta mudada ahora monto a un toro”.

—Haceme el favor pipe —insistió el hombre.

—Dale pues —aceptó Mena.

 

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