Adicto a la pintura

Perfil, Reportaje - 12.02.2018
Henry Hernandez

Descubrió su arte por la adicción a las drogas. Tocó fondo y casi muere. Henry Hernández es el caricaturista que pinta rostros en buses y bares de Managua

Por Julián Navarrete

La herida de Henry Hernández debió parecerse al canal que le hacen a los cerdos cuando los destazan. Uno lo piensa cuando ve la cicatriz que tiene desde la garganta hasta el ombligo, que solo se mira cuando se saca la camisa. Aunque sea difícil de creer, siempre agradece tener ese horrible verdugón encarnado como recuerdo de la que pudo ser la última noche de su vida.

Su cara es otro homenaje a lo grotesco. Ambas cejas fueron víctimas de botellazos, puñetazos, cuchilladas y patadas. Es sencillo imaginarlo chorreando sangre por la boca, después de ser golpeado a mansalva. No es difícil de creer que todas las cicatrices son recuerdos de sus años en las calles, de cuando robaba, estafaba y se conocía de polo a polo los expendios de drogas de Managua.

Lo que cuesta capturar son sus manos haciendo trazos con pinceles. Esas líneas de colores que se van convirtiendo en espacios, rosas, nubes; el retrato de un hombre con el pecho al descubierto, como escapándosele la vida por una manzana que lleva en el corazón, mientras se va difuminando en un paisaje lunar.

Henry Hernández es el pintor que exhibe sus lienzos en el Teatro Nacional Rubén Darío. Que vende cuadros en exposiciones de artes, pasarelas de modas y eventos culturales. El mismo que hace años se subía a los buses y dibujaba a los pasajeros para comprar piedritas de crack. La mano que captura la esencia caricaturesca de las personas bebiendo o comiendo en un bar.

A las seis de la tarde de un día de enero, Henry Hernández coge un bolso, donde lleva un block y varios marcadores. Anda un pantalón roto y una franela. Lanza un beso a una muchacha, vestida con ropa deportiva, que camina por la acera de su casa. Se despide de Lazy, una perrita criolla que compró a 500 córdobas en las afueras de un centro comercial. Espera regresar más tarde con dinero, mientras otra noche intenta ahogar sus impulsos de perderse en el crack.

Autocaricatura de Henry Hernández.

 

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