Alejandro Dávila Bolaños, el “doctor de los pobres”

Reportaje - 08.06.2018
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Alejandro Dávila Bolaños murió minutos después de operar a su último paciente. Se opuso abiertamente al régimen de los Somoza y por ello pagó con su vida. Esta es su historia, más allá de su célebre nombre

Por Amalia del Cid

Pasaron dos noches antes de que Merceditas Rodríguez pudiera llegar hasta el sitio donde mataron a su esposo. Llevó consigo a un vecino para que le ayudara a levantar el cuerpo, pero solo encontraron cenizas. La Guardia Nacional se había encargado de quemar los restos de sus víctimas y del doctor Alejandro Dávila Bolaños solo quedaban los zapatos, un lápiz y sus anteojos.

Alguien tomó los zapatos y los arrojó sobre un cúmulo de cenizas a fin de indicarle a la viuda que esos eran los restos de su esposo. Ella los reconoció de inmediato. Eran los zapatos cafés, viejos y muy feos, que había comprado para él algunos meses antes, cuando el médico guardaba prisión por oponerse públicamente al régimen de los Somoza.

Entonces se hincó y recogió las cenizas, las de su doctor y las de otras personas que fueron quemadas junto con él, frente al hospital de Estelí. Las guardó revueltas, en una rústica caja hecha con tablitas encontradas aquí y allá, y todavía las conserva porque espera que un día sus propias cenizas se unan a las de él.

Han pasado casi cuatro décadas desde entonces y Merceditas está cerca de cumplir 90 años; pero recuerda aquel abril con esa claridad que tienen las memorias dolorosas. A su esposo lo sacaron del quirófano cuando estaba operando a un joven herido, durante la insurrección de Estelí, en 1979. Lo fusilaron a una cuadra de su casa y en plena calle la Guardia hizo una hoguera con su cuerpo.

Merceditas cuenta la historia con los ojos tristes, pero la voz firme. Y sentada a su lado su hija Karelia se seca las lágrimas. La viuda de Alejandro Dávila Bolaños nunca volvió a casarse y cuando habla de su marido todavía lo llama el Doctor, pronunciando esas dos palabras como si acariciara cada letra.

Algunos recuerdan a Dávila Bolaños como intelectual intrépido y gran conocedor del náhuatl, orgulloso de sus raíces chorotegas. Otros como mártir de la revolución popular de 1979, torturado, más de setenta veces encarcelado y finalmente asesinado. Y hay quienes solamente han escuchado su nombre porque así se llama el Hospital Militar de Managua, bautizado en su honor. Para Merceditas, en cambio, el asunto es mucho más sencillo. “Era un hombre bello”, dice, llevándose una mano al pecho.

La última vez que lo vio ella estaba preparándose para ir a visitar a su mamá, quien vivía en otra zona de la ciudad de Estelí, y él salía de casa acompañado por un joven periodista que más tarde moriría arrojado desde un avión de la guardia somocista.

—Mama —le dijo él, que así la llamaba—. Ya vengo. Voy a ir donde los muchachos.

Por eso cuando más tarde le contaron que la Guardia había rodeado la zona del hospital y desde la casa de su madre vio elevarse lejanas columnas de humo, ella no se preocupó demasiado. Creía que su esposo estaba en el campamento de los guerrilleros del Frente Sandinista.

Karelia Dávila Rodríguez, hija del doctor Dávila Bolaños, y su madre, doña Merceditas. Foto/ Oscar Navarrete

 

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