Alguien tiene que hacerlo

Crónica, Reportaje - 12.07.2015
Cuadrilla-de-colectores

Matar, enterrar un cadáver, recoger la basura de otros. Magazine acompañó a cuatro personajes en su faena diaria. Trabajos curiosos, difíciles o sucios, pero alguien tiene que hacerlos

Por Tammy Zoad Mendoza

A TODO CHANCHO LE LLEGA SU DÍA

Algo huele mal. Y no es solamente el estiércol que flota en aguas estancadas, se trata del olor a un mal presentimiento. El camión se detiene y se parquea de retroceso para que su puerta trasera empalme con el portón de un pasillo. Un hombre embotado, de jeans y camisola sube y empieza el forcejeo.

Gruñidos. Más gruñidos. Chillidos. Sale el primer cerdo a empujones. Sale el segundo. Siguen en fila india por el pasillo hasta los corrales donde los esperan otros marranos.

En Procersa, uno de los mataderos autorizados por el Ministerio de Salud (Minsa) y el Ministerio Agropecuario y Forestal (Magfor) para el acopio y sacrificio del ganado porcino en Managua, hay 30 corrales. Cada uno con capacidad para 35 cerdos. Cuando está lleno esto es un chanchadal.

Ahora huele peor. Será de miedo o por hartarse tanto, pero los cerdos recién llegados ya empezaron a evacuar. Los que no están comiendo o cagando, se recuestan unos con otros y se mecen hasta quedar echados. Se quedan quietos, cierran los ojitos redondos y oscuros, encogen el rabo como un resorte apretado. Los que antes cagaban ahora comen, los que comían ahora cagan.

El último viaje de sus vidas los ha traído hasta aquí, al kilómetro 23 Carretera Panamericana, en Tipitapa. Los esperan al menos 20 hombres que no se inmutan en medio la atmósfera cargada de meados y caca. Los obreros que se encargan de lavar los corrales reciben a los cerdos, les dan agua y los alimentan hasta en lo que sería el pabellón de la muerte. Las moscas son sus acompañantes hasta el final. No sería exagerado decir que hay al menos 50 moscas por cada cerdo. Si hay muchos cerdos, hay muchísimas más moscas. Por eso hay también un hombre que se pasea por el lugar con una mochila para fumigar. Mientras él avanza como en cámara lenta regando veneno con esa suerte de mochila verde, las moscas vuelan histéricas haciendo remolinos que bien envuelven una cabeza. Si las dejaran a sus anchas, los cerdos volarían cargados por estos molestos insectos.