Amigo Gabo

Reportaje - 06.05.2007
Sergio Ramírez  y García Márquez

Varios escritores nicaragüenses reconstruyen la personalidad del escritor en español más laureado en vida en Latinoamérica, quien cumplió este año 80 años de edad, en los que se incluyen episodios en Nicaragua

Octavio Enríquez

“El editor está perfectamente de acuerdo con editar el libro, pero necesita algunos datos”, decía la voz suave desde Caracas.

—Claro que sí, no hay duda —respondió Sergio Ramírez desde su casa en Costa Rica. Era un mediodía de julio de 1977, ni asomaban las canas en el escritor nicaragüense.

—Dice entonces que va a financiar la edición, unos 100 mil ejemplares —confirmó Gabriel García Márquez, quien llamaba con urgencia a uno de los principales dirigentes sandinistas.

Las claves para entender la conversación se las habían dado días antes en la oficina del RTI de Colombia, adonde filmaban la adaptación a película del libro del colombiano La Mala Hora. Ramírez entró en una oficina llena de casetes y con televisores por doquier, y extendió la carta que José Benito Escobar, representante del Frente Sandinista en Cuba, le había hecho llegar al escritor colombiano a quien lo conocía por sus constantes viajes a la tierra de Fidel Castro.

García Márquez agarró la carta, la convirtió en miles de pedazos que luego desapareció en un basurero y escuchó atentamente la propuesta del escritor nicaragüense. La misión era que el colombiano, que aparecía en diarios y revistas como una estrella de cine, y que se retrataba como pocos con presidentes de distintos sitios, se reuniera con Carlos Andrés Pérez, mandatario de Venezuela.

A Pérez le debía proponer que financiara con 100 mil dólares al grupo de muchachos que querían botar a Somoza y que entonces planificaban la toma de cuarteles que se llevó a cabo en octubre de ese mismo año.

 

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