Amores en la Cárcel de Mujeres

Reportaje - 13.03.2016
Cárcel la Esperanza

Las paredes de la Cárcel de Mujeres La Esperanza albergan historias de amor y desamor, homofobia, solidaridad y lesbianismo

Por Julián Navarrete

Gabriela Pérez necesitaba cinco minutos para enviarle besos a su novia a través de la ventana. Todos los días, desde que las separaron, se ponía de puntillas encima del inodoro y a través del vidrio meneaba las muñecas, entreabría los dedos y le decía “te amo” con sus manos. Scarleth Jirón, su amada, le regresaba el cariño de la misma manera desde el galerón contiguo. La escena transcurría en la Cárcel La Esperanza, el sistema penitenciario de mujeres más antiguo de Nicaragua, donde los amores lésbicos son prohibidos.

La enamoradiza de la ventana lleva el pelo corto, los ojos que derriten, la camisa remangada. Conoció a Scarleth en el dormitorio 4, el galerón “de prueba” de La Esperanza, una hacienda enmontañada de más de una manzana de extensión, ubicada en Veracruz, en las afueras de Managua. Scarleth, tímida y absorta, pelo lacio tupido, es la quinta conquista de Pérez en el penal, en el que ha cumplido seis de los 10 años de condena por haber asesinado a puñaladas un hombre en un bar. Gabriela prefiere no hablar de los amores de Scarleth dentro del penal, al igual que los cargos por tráfico de drogas por los que purgará una condena de tres años. Los antiguos romances de Gabriela siguen esparcidos por los cinco “dormitorios” de esta cárcel.

La historia de Gabriela y Scarleth, cuyos nombres verdaderos se modificaron para proteger sus identidades, fue contada por Tania Montiel, quien estuvo varios meses presa en la Cárcel La Esperanza. Magazine recopiló los relatos de otras liberadas y familiares de ellas para reconstruir los ambientes y entretelones dentro de la prisión.

 

 

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