Andrade música y olvido

Perfil, Reportaje - 19.11.2006
César-Andrade

Para que César Andrade se instalara en Nicaragua se conjugaron la maldad humana, el amor y su talento. Pasaba por aquí cuando alguien lo estafó y dejó sin dinero para salir; se enamoró de una nica y usó su voz para sobrevivir. De eso hace más de 40 años…

Alma Meléndez

“Qué ironía, el mejor cantante que ha tenido este país no nació aquí”, dice Tránsito Gutiérrez, inseparable amigo de Andrés César Andrade Escobar, el colombiano que llegó a Nicaragua hace más de cuatro décadas, en la plenitud de sus 23 años, cuando la Bikini Girls, compañía artística a la que pertenecía, hizo una gira por Centroamérica y el Caribe.

César Andrade se quedó en Nicaragua por varios motivos. En primer lugar, debido a una estafa de la cual él y sus compañeros fueron víctimas. El mánager que los trajo, como en uno de los mejores números de escapismo de Harry Houdini, desapareció de un día a otro sin pagarle un centavo a nadie. A los otros la familia les ayudó a regresar, en el caso de Andrade, no tenían cómo mandarle un peso. Sin embargo, no fue el único motivo que lo hizo quedarse, la fama de su voz se había regado rápido y las ofertas de trabajo no le faltaban. El segundo motivo tenía nombre de mujer: Leonor Cisne, la jovencita que vivía cerca del hotel donde se hospedaba. Aunque, hubo un tercer motivo que contribuyó a que Andrade adoptara Nicaragua como segunda patria.

De sus padres, doña Elvia María Escobar y Julio César Andrade, heredó la habilidad natural para cantar y la personalidad seductora, que con todo y sus 65 años encima no ha perdido, sigue siendo, como diría Roberto Carlos, “de esos amantes a la antigua, que suelen todavía mandar flores”. Y quien lo conoce de cerca sabe que en efecto es de esos hombres que le abren la puerta a la dama que los acompaña, le jalan la silla y le dicen halagos.

Desde niño aprendió a tocar la guitarra, era su entretenimiento preferido, lo hacía tan bien que a los 17 años, sin proponérselo, él y sus amigos, que acostumbraban despertar con serenata a las respectivas novias, comenzaron a ser contratados para ponerle serenata a otras muchachas de Palmira, en la natal Colombia, en el departamento de Valle del Cauca, al suroccidente del país, donde nació y vivió hasta los 23 años.

 

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